Yeah, right! - Writings by Brian Murdock

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Images of Spain

November 27, 2015

Dando Calabazas

Uno de los productos más cotizados en el mercado madrileño esta semana se encuentra dentro de una pequeña lata.  Es un producto que en tierras norteamericanas apenas lograría una pestañada de interés del consumidor, pero que aquí cobra una importancia que jamás sospecharían los españoles.  Se trata de una lata de calabaza.  La calabaza para hacer las famosas tartas de Thanksgiving que llevan su nombre.  La bote que se vende solo contiene, por muy sorprendente que parezca, 100% calabaza.  El resto lo tienes que añadir después.

     La verdad es que no es fácil encontrar calabaza siempre en ningún sitio, estés donde estés.  Ni siquiera en Estados Unidos.  La verdura/fruta tiene la mala costumbre de caer víctima de todo tipo de enfermedad y responde mal a ciertos cambios climáticos.  La producción puede ser volátil.  En 2009, fuertes lluvias afectaban las cosechas en em Medioeste, y la mayor productora de calabaza envasada, Libby’s, se vio obligada a confesar que a lo mejor no llegaban a alcanzar los números para satisfacer todo el hambre Thanksgiviano en USA.  Por lo visto, algo así ocurrió de nuevo en el 2011, a causa del huracán Irene, y en el presente año, por no sé qué razón, la planta tampoco ha dado que se esperaba de ella y nuestros amigos en Libby nos advierte que va a ser un año de escasez de nuevo.  Por lo que veo, ser agricultor de calabazas es casi más precario que ser dueño de un video-club.

     Thanksgiving es una tradición tremendamente americana que intriga a los españoles porque se trata de reunirse con la familia y comer hasta reventarse la tripa, dos pilares de la vida de aquí.  Aquí muchos norteamericanos preparan la comida pero la sociedad local lo observa con curiosidad y envidia (mis alumnos se cabrean cuando se enteran de que no hay colegio allí), pero no lo han acogido con las ganas habituales que muestran hacia una festividad.  Lo que sí ha logrado arraigarse es el temido Viernes Negro, o Black Friday.  Es el día de shopping por excelencia.  Lleva pocos años pero ha tenido una evolución extraordinaria.

      Desde que era pequeño se le conocía el día después de Thanksgiving como la jornada de mayor ventas de todo el años.  O eso decían.  Pero poco más.  No la llamábamos Black Friday, ni había colas kilométricas fuera de las tiendas.  Por lo visto, el nombre originó en la zona de Filadelfia en los 70 y se extendió a partir de ahí.  En los 80 empezó a extenderse por todo el país.  Se cuenta que el apodo viene de los números negros, es decir, los beneficios que sacaban las tiendas ese día.  Esa teoría siempre me ha sorprendido, porque el costumbre de juntar el color negro con un día siempre se ha hecho por un motivo negativo, como una masacre u otra tragedia.  Sin embargo, esto era todo lo contrario, desde el punto de vista de los negociantes.  Y así se lo he contado muchas veces, convencido de esta ironía.  Pero resulta que el día sí que está relacionado con el horror de las compras, del tráfico infernal en las calles y con el agobio de las tiendas.  Eso sí tiene sentido.

       En los años 90, el Black Friday despegó como la incuestionable etapa reina de compras.  Todos los años, las furgonetas con sus parabólicas montadas encima y los cameras y reporteros descendían a las puertas de los grandes superficies de carácter barato para mostrar al mundo las colas de gente de todas edades esperando pacientemente al comienzo de la jornada.  Y, en algunos casos, no tan pacientemente.  En 2008, en el Walmart de Valley Stream, en el estado de Nueva York, 2.000 nerviosos clientes literalmente asaltaron la tienda al abrirse las puertas, tirando al suelo el único vigilante allí.  En vez de echarle una mano, la masa de consumidores hambrientos atropellaron al hombre, de 34 años, y seguían pasando por encima de él, pisándole en el acto hasta causarle la muerte.  Pocos hicieron nada para salvarle.  Pocos se pararon.  Solo tenían una cosa en la cabeza: ese televisor plasma Samsung de 50″ y con HDTV, esa camera Canon, esa aspiradora a mitad de precio.  A nadie le importaba la vida que se les iba delante de ellos. Los compañeros de trabajo intervinieron para evitar que la ola de humanidad aplastasen al hombre, pero ya era tarde.   Y después, cuando la tienda cerró sus puertas para atender a la víctima, aunque poco pudo hacer, algunos incluso protestaron.   Sigue siendo para mí uno de los actos de captalismo, del consumismo, de la avaricia más viles que jamás he conocido.

      Ese fervor.  Ese ansia por comprar.  Eso es lo que se ha popularizado aquí en España.  No el encuentro familiar en el que se dan las gracias por la suerte que tenemos en la vida.  No ese momento para reflexionar sobre realmente nos importa en la vida.  En el fondo, no lo pido para España.  No necesita un Thanksgiving, además, al igual que Halloween, es una tradición que nada tiene que ver con este país.  ¿Y el Black Friday?  ¿Por qué tiene que prosperar ese día?  Quizás, como algunos dicen, el dinero es el lenguaje que mejor se traduce entre los idiomas del mundo, que mejor cruza las fronteras con más facilidad.  Así acabamos dando calabazas a las mayores virtudes de nuestra forma de ser.

      Happy Thanksgiving.

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November 2, 2015

Santos y Almas (y algún que otro muerto)

¿Entonces por qué temen tanto a Halloween los españoles?  ¿La invasión de los bárbaros?  No es ninguna broma.  Este sentimiento quedó reflejado en la inolvidable “Bienvenido, Mr. Marshall” cuando el cura del pueblo enumeró todos los defectos que tiene el país, y no eran pocos.  La ansiada llegada de los norteamericanos por motivos económicos fue contrastada por el miedo a que su degenerada sociedad fuera a provocar la destrucción de la santísima cultura conservadora y católica que tuvo en jaque el progreso mental de la nación de entonces.  El inmortal, aunque ya fallecido, director Luís García Berlanga, no andaba lejos cuando puso en palabras del religioso un futuro nada esperanzador.  La modernidad y la postmodernidad y el Internet han conseguido deestructurar numerosos aspectos de muchas culturas…pero no no engañemos, ha habido muchos factores.  Pero muchos.

      Aquí en estas fechas se celebra Todos los Santos, que es el 1 de noviembre.  Hay más de 10.000 de ellos, así que no es precisamente un club exclusivo, si quieres saber mi opinión. Pero los españoles no lo hacen tanto por los santos, que parece que tienen todo bien montado en el cielo, sino por los difuntos, los antepasados, los muertos.  Es el día en que va la gente a los cementerios a homenajear a sus queridos, y quizás no tan queridos.  También es un evento muy importante para las floristerías que, junto con san valentín (otra importación inventada) y el día de la madre (también una nueva incorporación foránea – no se estableció hasta 1965, cuando los Beatles sacaron Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band), suponen grandes ingresos. Estos sí tienen un motivo para quejarse.

      Esta solemne y bonita tradición, la de recordar a los que han sido tan importantes en tu vida, me parece un gesto precioso que no se debería perder.  Hay gente que aún la observa, madrileños que se acercan al gigantesco cementerio de la Almudena, o que vuelven a sus pueblos para llevar unas flores a la tumba de algún pariente.  Difuntos…difuntos todos…algunos con alma y otros ya santos.  O eso creen.

      El caso es que, técnicamente, el día para honrar a los tuyos debería ser hoy, el 2 de noviembre, La Conmemoración de los Fieles Difuntos, o simplemente de los Difuntos, porque algunos habrán sido menos fieles que otros.  Esta fecha es tan importante en países como México que UNESCO la ha declarado Patrimonio de la Humanidad.  Por lo visto, esta organización ortoga el honor a casi cualquier cosa…podría hacer lo mismo para mi coche que, a pesar de sus años, kilómetros y trato laxo por parte de su dueño, sigue arrancando.

     En fin, parece ser que es un día no solo para recordar a nuestros antepasados sino también para rezar por ellos, no vaya ser que se encuentran en el Purgatorio y necesitan un aval de buenaconducta de un querido vivo.   Yo pensé que el Vaticano ya se había deshecho de ese concepto, pero veo que no tengo razón.  Simplemente han dicho que no es un lugar en concreto (es decir que no es la M-30 por la mañana ni mi piso en julio, dos buenos candidatos) sino un estado del alma.  Yo la llamo “vida”.

 Jakub_Schikaneder_-_All_Souls'_DayEsta mujer, desde luego, no parece estar disfrutando del momento durante su visita al cementerio el Día de los Difuntos.  Parece que está contemplando unirse a los vecinos de lugar de aquí a poco.

Curiosamente, dicen que uno de los orígenes del famoso “trick-or-treat” son las “souls cakes” (pasteles para las almas) que se tenían que repartir como gesto de generosidad, a cambio de beneficiar las almas de los difuntos.  Así que, además de las comidas, la bebida, los ramos de flores y las lápidas recién lavadas, hay todo tipo de negociones espirituales sucediendo.  No sé.  Lo mismo me equivoco.

     Pero lo que sí parece claro es que el día, o los días, del 31 de Octubre al 2 de Noviembre, fueron elegidos porque la ya existente festividad celta Samhain (el año nuevo), y una fiesta romana también relacionada con los muertos.  La tradición pasó a esas fechas allá por el 980 DC.  Y las creencias de una Europa Se creía que los fallecidos salían esos días para volver a sus casas y cenar con sus familias.  Sabiendo lo importante que es comer en este país, me parece perfectamente plausible.  ¡Vaya por Dios! Esto me suena a algo pagano y Halloweenesco.

      Hablando de comida, una de las grandes ventajas de estar en España en esta fechas es la oportunidad de disfrutar de los deliciosos buñuelos, rellenos de todo tipo de sabores, y de los huesos de santo, demasiado dulces para mí gusto, pero sabrosos en pequeñas dosis.

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November 1, 2015

Trucado y Tratado

¡Ay, Dios!  Ha pasado el último día de octubre y yo ya llevo unas cuantas charlas sobre este fenómeno que se está apoderando de España, o por lo menos de Madrid: Halloween (o jalogüín, como algunos lo deletrean).   Con el paso de cada año, son más las tiendas que se apuntan a vender productos y parafanelia relaionada con la festividad, son más los niños que se disfrazan, son más fiestas que se celebran, son más los debates sobre su presencia en nuestras vidas…hasta tal punto que ya no se le puede considerar una costumbre pasajera ni limitada a cuatro extranjeros que no saben olvidar sus raíces ni un puñado de profesores de inglés que están envenando los colegios con costumbres foráneos, ni al PP por promover el bilingüismo.  La verdad es que se h convertido en una moda que ha ido a más y parece que no se va a ningún lado, por lo menos, de momento.  It’s here to stay.

     No os creáis que me alegro.  Es simplemente una observación sobre cómo han cambiado algunas tradiciones aquí en los años que llevo.  La primera vez que la celebré fue en el 91, y entonces era prácticamente imposible dar con una calabaza en Madrid, por no hablar de una que asemejaba a el orbe naranja que simboliza el día.  Por fin encontré una en el Jumbo, para que te hagas una idea de los años que han pasado, y conseguí (otro verbo no sería apto para describir la odisea que exprimentamos) comprar una especie de fruta grande, algo aplastada y de un color verde-gris.  Parecía una garrapata gigantesca…la pobre…poco digna para el gremio de de calabazas, aunque visto desde el punto de vista del asco, totalmente apropriado.  Mucho ha llovido desde entonces.

   Los españoles siempre han sido rápidos a la hora de acusar a los norteamericanos por proliferar esta actividad profana y pagana que nada tiene que ver con su cultura y que desprecia un día tan sagrado y loable como es Todos Los Santos.  No les quito razón…en parte.   Halloween es una festividad cuyos orígines remontan 3.000 años, en el mundo celta, quizás una de las tradiciones más antiguas del mundo, pero la versión moderna es un producto de una evolución larga y sinuosa que ha llegado a arraigarse en los Estados Unidos y que poco tiene que ver con la idea original.

       Como cualquier cultura dominante, las costumbres de dicha nación tienden a incidir en las de las otras culturas.  El impacto de las cultura greco-romana aún está presente en nuestras vida, miles de años después, y es innegable la profunda e intencionada influencia que la cristianidad ha ejercido sobre múltiples pueblos del mundo, imponiendo sus creencias y tradiciones. O no. Muchas fiestas y celebraciones cristianas son mezclas de su propia fe con las costumbres locales, muchas de ellas, he de decir, eran paganas.  La elección de la fecha de Navidad sin ir más lejos.

     De hecho, el propio nombre hace alusión a Todos los Santos, ya que “halloween” significa “vísperas de todos los santos”, y era un intento por parte de la Iglesia de hacerse con los paganos mediante la tolerancia a cambio de la conversión.  Parece que funcionó, lo cual hace que parezca especialmente irónico que siglos después encontramos al Obispo de Cádiz intentnado prohibir la celebración de Halloween.   Si tanto les preocupaba a los prelados ya tenían tiempo para remediarlo…hace 1.500 años.

        Es verdad que hay algo que no acaba de cuajar conmigo respecto a este día en España.  Quizás le falte la hondura de una tradición bien arraigado.  Pero también es verdad que los niños se lo pasan bomba, el comercio aumenta y una costumbre que empezó en Europa hace miles de años, dio el salto al Nuevo Continente y ahora está de vuelta, disfrazada de algo bastante diferente…pero de vuelta de todas formas.  Las tradiciones pueden ser a veces muy viajeras y no pasa nada. San Patricio es una de las fiestas más populares del planeta, en España ha pegado un subidón de popularidad impresionante.  Pero ahí, nadie dice nada.  Total, es simplemente una noche más para ponerse algo hortera con la marca Guinness escrita encima.  Pero con el Halloween, resulta ser diferente.  No sé si es porque afecta a los niños y eso inquieta a los mayores.  No lo sé.  Algún truco debe de haber.

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October 3, 2015

Imágenes de España: La Factura

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Últimamente he estado haciendo algunas traducciones para una empresa que se dedica a vender su propio software, lo llaman solución en el sector, no sé por qué, y cuentan que una empresa puede perder ahorrar hasta un 30% de su gasto mensual, y por tanto, anual en telecomunicaciones y energía.  Dicen que uno de los problemas principales tiene que ver con la falta de interés por parte de los usuarios y clientes en vigilar bien las facturas.  Es decir, se nos escapan mil detalles, como tantas veces en la vida.

     Yo cumplía con la tarea casi inconscientemente, pero su duración y la repetición de las frases empezaban a calar las noción de que a lo mejor me pasaba lo mismo a mí. ¡A mí!  Y a ti también.  Sí señor, no sería de extrañar que en algún momento nada sospechado los números que aparecen en ese papelito tienen poco que ver lo que uno espera.  Y eso que por lo menos te lo mandan por escrito.  Los cachondos de Movistar, antiguamente conocido como Telefónica, ni eso.  Y, para mí, y siempre para mí, la razón se trata de aprovechar que la gente no se fija en los detalles.  La gente no se molesta.  Muchos de nosotros no nos molestamos en comprobar las facturas, aun cuando el total es una barbaridad.  Para proporcionar un poco de perspectiva….¿acaso cuando compras leche si te cobran 1,50€ en vez de 0.90€, no dices nada?

     Una visita visual a una factura en España no hace más que confirmar nuestra repulsión ante la idea que mirar uno por uno los ítems de los gastos desglosados.  Es más, hacen estremecer.  Es una bofetada en la cara de los que preferimos pasar la vida con el lema “ignorance es bliss”.  En parte porque no sabes qué hacer.  No sabes si estás siendo estafado y te sientes jilipollas por no intentar hacer nada para remediarlo.  No sabes si, aún peor, te están estafando y resulta que es legal.  O fuera lo que fuese, en caso de descubrir la verdad, no sabes cómo empezar, a quién recurrir, y si verdaderamente merece la pena luchar por la causa.  Nadie, os digo, nadie quiere sentirse así.  Mucho menso un viernes por la tarde cuando, durante unos minutos, la vida tiene sentido.

      Claro está, si eres capaz de comprenderla en primer lugar.

     Mi factura de gas para los dos últimos meses y la de luz para este mes fue 177€.  Gasté… y

      Veamos la de gas.  Según la empresa, no he consumido nada.  Es mentira, pero solo porque no me han pillado en casa para comprobar el medidor de gas.   También podían haber puesto el famoso gasto estimado, pero ni eso.  Pone: Consumo: 0.  Traducido al euros: 0.  Factura de gas: 30,27€.

     Veamos por qué.  Me cobran 8.89€ por el término (me restan un 60% de descuento, no sé por qué), otros 2,55€ por el alquiler del contador, y 24,16€ por algo que llaman un canon, que es una cuota que hay que pagar por la instalación (esto ocurrió hace mil años) y mantenimiento de la receptora de gas instalada en la finca.

     Veamos si lo mismo pasa con la electricidad.  Además de los 77€ de consumo, hizo mucho calor este año y tenía el aire puesto a toda máquina, hay que incluir el alquiler del contador de este servicio, la cuota del término de potencia, un impuesto sobre la luz, que viene siendo uno de esas tasas ocultas, y el IVA, un 21%.  Luego un par de servicios que se suponen que tengo contratados pero que no consigo averiguar lo que hacen ni para qué sirven, además de empobrecerme.

     En realidad, no pago por el uso del gas ni del de luz.  Me sale casi regalado.  Todo lo que cuesta es ajena a mi vida, a mi entorno, a mis movimientos, giros, pasos, y lo demás.   Veamos.

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August 1, 2014

Images of Spain: Street Advertising

DSC_0044 Never has the term been so aptly employed.  I saw this the other day outside one of Spain’s employment offices, known as INEM here.  Fortunately, I wasn’t there as a client, so to speak, English teachers have remained relatively unscathed by one of the worst economic recessions in history, but rather to accompany a friend who was arranging to receive his first unemployment benefit.  It’s a perversely cruel word that is, “benefit”, as if it were a kind of perk you get for being on the dole.  There is little to nothing beneficial about it.

      In any event, you are no longer able to just show up at the INEM and get a ticket to stand in line.  Now you must make an appointment online.  They zap back a very exact time, like 12:47, and then tack on the symbols +/- afterward to indicate, “more or less”.   That’s what I like: approximate precision.

     On the way in, I saw this little bit of publicity stamped on the surface of the sidewalk.  In English, it reads, “Men’s Haircuts, free if you are unemployed”.

      Was this generosity, solidarity, cynicism, politics, opportunism?

     Chances are, it’s genuine.  There’s a phone number and everything.  Other hairdressers and barbers around Spain, from Tarragona and Lugo to Ibiza have offered the same over the years to help out those who are living on very limited budgets.  That’s called the benefit of kindness.

      Meanwhile, as the number of unemployed descended 310,400 in the second term this year and Spain is the fastest growing employment nation in the EU, the official rate remains stubbornly at 24.47%, the second highest in the union.  Believe it or not, things do appear to be improving; which is maybe why that sign is beginning to look a little faded.

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July 29, 2014

Images of Spain: The air conditioner

DSCN0915I was away in the States for over a month and the sad thing was I didn’t even have a chance to write about a thing, though there was plenty to write about, I can assure you.  There always is.  About everything.  Everything about.

  What a shame when you don’t even have a chance to sit back and jot down a few words.  Forget the photos.  Now people just take millions of them and let the retro filters and cropping do the rest.  A man once said that if you want to travel, first you must learn to draw, because when you learn to draw, you learn to observe, and when you know how to observe, you are ready for traveling.

       Lately, I haven’t feel I was ready for anything but collapse at the end of the day, and that’s not what I call a demanding skill.

      Back in Spain, the summer is going through its motions.  They tell me it was a pretty good July for the first couple of weeks, then the heat bore down and now it probably won’t let up much for the next six weeks or so.  Maybe longer.  That’s the way it works here.  Though if there is a bright side, it probably has to do with the dry air that reigns in these parts of the country.  In New England, the humidity can get so god-awful, even 80º F can feel like you are wearing two sweaters.

      Today in Madrid we got a bit of a break.  It’s only 87ºF; they call it pleasant with plenty of sun.

       It was pleasant until about an hour ago, then I decided to revert to my newest and closest friend at home, my A.C.   It’s actually been a fixture in my apartment for over three years.  It never worked, and I never bothered to have it fixed, until last summer when I said enough was a enough.  The thing was, summer was coming to an end, so I decided to wait until this May.

      In America, this appliance, I guess that is what we should call it, has long been commonplace in most homes.  And they aren’t used sparingly.  In public places like grocery stores, it can get so icy that I need to wear a sweatshirt or else an impending bowel movement will invade me somewhere around the cereal section.  I never knew why this was, and to my surprise, nor do many professionals.  “Why do I want to defecate in a cold super market?” does not get as many results on the search engine as I had envisioned.  I can’t say what number I had in mind, but I’m sure it is more than one.  Apparently my colonic muscles are stimulated by the chilly air in an action called peristalsis, when your intestinal muscles relax and contract in a way that says it’s time to make for the bathroom.  It’s the cool air that triggers that.  I began to feel that this reaction was more a personal thing, but I’m sure that it’s something people are just too embarrassed to mention.

       That said, in Spain, air conditioning in a private home was long considered a luxury and eschewed by many who felt it was unhealthy.  By many who smoked and drank regularly, and did little or no exercise.  By many who popped antibiotics at the sound of the first sneeze and nourished themselves on fatty pork meat.

     Now it is more common, but hardly rampant.  In 2008, approximately 35% of Spanish homes enjoyed artificial cooling, and though it is surely higher these days, it’s a far cry from what you get on the other side of the Atlantic. In 2011, in the United States, it was estimated that 87% of households have this now basic feature.

        So this is actually a fairly recent image of Spain.  A Spain of the last ten years, I’d say.  It’s not an image of progress, but rather one of acceptance.

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April 26, 2014

Great Spanish Traditions: Driving home at the end of Easter break

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Semana SantaMany people back home ask me how I spend my Easter Sunday and I always tell them the same: In a car, on a highway and with a handful of swear words on hand and a head full of ways I would like to commit violent acts.

     It’s a reasonable enquiry considering Spain has a big reputation for being such a deeply religious country, with KKK-like brotherhoods parading about scores of towns and cities toting floats depicting anguished images from the passion of Christ.  But that occurs days before when everyone commiserates with the suffering of the Savior on the eve of his crucifixion.  The part about his coming back to life, the happy-ending resurrection, that triumphant “Hey, he really is the Son of God after all”, is overshadowed by the fear of running into one of the worst traveling days of the calendar.  It’s a kind of Sunday after Thanksgiving to the tenth power.

     There was a couple of years there when I took time away from this activity and stayed in Madrid, time off to recover from repeated ordeals.  But I finally returned to one of Spain’s greatest traditions: Operación Retorno.  The photo actually shows traffic heading in the opposite the direction, towards the feared Alicante, but the sense of helplessness it conveys is virtually the same on the way back. 

     There is really nothing complicated about experiencing this great custom.  Just spend a weekend about 500 kilometers away, pack your car, get behind the wheel, and head for the nearest highway that takes you back to Madrid.  Then you look for the first traffic jam you can find, pull up at the end of the line and participate. 

      In the past, returning from a coastal place like Alicante meant the backup usually started a few yards from where my car was parked, some 350 miles from Madrid.  It could go on for days.  But this time I was regressing from the north, and that made things slightly more tolerable.  The electronic panels spanning the road informed the traveler of any impending doom, and on this occasion indicated that we could expect “slow traffic”, which I took as a good sign since it suggested we would be home in two hours instead of the usual four or five it might normally take.  The traffic adopted the classic worm effect, crunching and stretching out throughout the countryside of Madrid.  Every kilometer we advance counted as victory toward a common goal: reaching Fort Living Room before insanity set in. 

      To say you returned to Madrid on Easter Sunday without considering homicide is a true indicator of just how involved you are in life here.  It’s a necessary part of your training in Spanish culture.  It’s like mastering the subjunctive mode in Spanish, or watching from beginning to the final credits of the Eurovision song contest.  No one wants to go through with it, and yet everyone should. 

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February 28, 2014

IMAGES OF SPAIN: The “telefonillo”

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DSC_0069First of all, just coming up with an acceptable equivalent in English seems to be a challenge for translators around the world.  Go to linguee.com, a well-intended but often errant translating reference service which, instead of computing the word or phrase that you are looking for into another tongue, provides you with a series of previous attempts done by other human translators who have contributed their texts.  It is an interesting approach because it can assist you in finding that elusive linguistic transformation you seek, but on more than one occasion, it helps you realize that there are a lot of incompetent experts out there, and reaffirms yourn faith in technology.    

        Here are some of the jewels the unwary investigator might get duped by:  “entryphone telephone” (which is more of a definition than a translation); “little phone” (a half-hearted literal translation, especially since there little “little” about it); “telephone/monitor” (this time a physical description of the modern models); “portable phone” (there is hardly anything portable about this fixed fixture – your 50kg washing machine is easier to remove); and finally “intercom” (which probably stands as the closest relation). 

         Coming from residential Greenwich, Connecticut, I didn’t encounter a telefonillo at all in my youth, aside from a friend’s house which was so big one was used to communicate between members of the family.   Ironically, one of the few homes I know in that town which actually use one of those systems from the outside gate is my original house, which breaks my heart.  It was sadly transformed from a home which was so open that every living creature around for miles, children, dogs and cats, felt free to trespass as they pleased, to a kind of cold and uncharacteristic fortress of sorts. Alas!  These things happen I guess. 

         You just never saw one, even on TV.  From the movies I watched, I thought that in New York you either had a doorman do the screening, or lived in one of those neighborhoods where people shouted from the street, “Hey Tony!  You home?!”

         The telefonillo is a ubiquitous feature of every flat and many independent houses, and in my opinion is that their charm resides in two features: their apparent poor manufacturing and their sketchy reliability. 

         The first is apparent from the minute you hold the receiver in your hand.  So light and airy, it seems to be hollow, and you are tempted to pry it open on one side to check if there is anything inside keeping things in order.

         I suppose appearances could be deceiving if it weren’t for the fact that so many of these specimens end up working about as pitifully as you would expect them to.  Such is the case, that for the most part, I consider these malfunctions to be a standard part of the device’s performance.  Sort of like the scratchy inaudible speaker system on New York commuter trains.

         One thing that almost never fails is the strident buzzing sound that raids the silence of your abode to announce that someone on the street wants to reach you.  If your building doesn’t have a doorman, more often than not it some poor sod trying to slip into the building to mete out publicity into the mailboxes.  You can usually pick up on that because the buzzing is short and it spreads throughout the building, as the brochure deliverer relies on the basic laws of probability.    

Picking up the receiver and answering is no guarantee that you will discover who is on the other end, because, as you will be able to see, one of four situations may occur, and they all have an equal chance of becoming a reality:

         1)    You hear the person downstairs > They can hear you.

         2)  You cannot hear the person downstairs > They can hear you.

         3)  You can hear the person downstairs > They cannot hear you.

         4)  Neither side can hear the other.

         As you can see, you have really about a 25% chance of communicating with the voice on the other end. Either that or you end up conversing with neighbor from the flat two floors down who has also picked up.

          “¿Diga?”

          “Who’s this?”

         “Who’s this?”  He replies with the same question because he isn’t given to shouting out his name to a total stranger.  During this period, the commercial postman is trying to interject and get inside the building.  “Can you open me up?”  But the others aren’t listening. The round of questioning can go on perpetually, until one gives. 

           “I’m in 5B.”

         “Well, I’m in 3A.  Why can I hear you?”  The neighbor is Spanish and after decades of cohabitating with these gadgets you would think he was more familiar with how they normally work; what he should have been asking was how we were able to hear the man from downstairs.  “There is something wrong with this thing.  We gotta get the maintenance guy in to fix it.”

         “Can you open me up?”

          “No!” cries out the other neighbor.  Try later.

      I hang up and wash my hands of the matter.  The guy with ads will finally coerce someone into letting him in.  It never fails.  I have mixed feelings about those people.  I know they are doing their job, but I just don’t like the fact they assume we have to open the door for them.  Especially when there is a box outside.

        The final obstacle is the button that actually lets you in.  I would say that more often than not, it fulfills its purpose, but rarely without an air of mystery, since once you have let go and checked to see if they are inside, there seldom is a reply.  Occasionally, you detect a distant echo as if they are calling you from a cave “I’m in!”, but generally, silence is the answer.  And if you have decided to let in some stranger who claims to be a person only out to stuff mailboxes, you pray their intent was not something more malicious.  Thank God Madrid is generally a very safe city.

         Some friends of mine prefer the machine-gun method of pressing the button, requiring that I time pushing the door open with the moment.  Statistics prove I often need to ring up again.  I don’t know why they do it that way.  Maybe tradition.  That makes sense, because many of the traditions that we all hold dear make any sense at all, which eventually constitutes a dear part of their charm.

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January 2, 2014

Shake Your Booty

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You have to hand it to the Spanish.  They sure know how to make the most of any festive occasion, even when there isn’t any apparent one to be found.  They pull it out of their asses and turn an otherwise subdued atmosphere into a little shindig.  New Year’s is a fine example.  People often ask me what Americans do on New Year’s Eve, because many think the rest of the world stays at home with the family the way they do and prep for gulping down a dozen pieces of fruit at midnight.  My audience usually consists of people and pets ranging from 5 years to 75 years of age, and so I forego the part about folks drinking to the brink of language impairment and vomiting as a way of ringing in the New Year and address it with a sugar-coated “They go out”. 

            Many parties in other parts of the world rage for much of the evening, which is partially explains why people scream and shout like cowboys and embrace with such fervor before tumbling over and breaking the family glass coffee table.  It also helps me to understand why the Puerta del Sol seemed so subdued compared to cities of similar size.  They were just cranking up, and just as many people from faraway lands were puttering home, the Spanish were out in the streets heading for their first social commitment.  I didn’t show up at mine until 2:00a.m.

 

            On top of that, they don’t even need a crowd to have a party.  With just six of us at our family gathering, there was more than enough humanity to turn the living room into a makeshift disco, twisting and swaying to some of the 1960s finest one-hit wonders, like “Black is black” (Spain’s first nº 1 in the U.S., believe it or not) or the Shocking Blue’s (a Dutch group, this time) “Venus”, which was revived by Bananarama in the 1980s. These are still no-fail tunes at nearly any Spanish home.  Mostly it was the two older sisters who did the dancing, urging the three men, me included, to join in, which we did, though the elderly mother literally sat out. I secretively envied her because after all these years I just don’t find shaking my booty with four people in an apartment and with all the lights on, much less in front of an eighty-year-old woman that natural, who cheerfully clapped along.  But then again, if KC and the Sunshine Band (who by the way just played at the Rose Bowl) could go on TV donning goofy funky clothes and repeating the same line over and over for five minutes, I guess I could hold out for a gratuitous for the while for the sake of New Year’s merriment. 

     The Spanish love this, and I admire them for feeling so comfortable about expressing their joy without the least bit of worry or care about their image.  It’s funny, they often cry to me that they can’t speak foreign languages because they are too afraid to look ridiculous in front of others.  Then images of middle-aged Spaniards shimmying shamelessly to James Brown come to mind and I just laugh a little to myself.  That’s my Spain!

Images of Spain,Madrid,Twenty-Five Years and Still Running

June 30, 2013

Great Spanish Inventions 2: The Chupa Chups

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I bet you thought it was going to happen.  I bet you thought I was going to let it happen.  Yeah, right!

     Go an entire month without posting a single…well…post?  That’s how shaky things have been.  They can sake, as long as they don’t topple.

     It almost happened, but just like paying taxes on the final day, which happens to be tomorrow and I’ll tell you about that later, I am down to the wire, but in time.  But in time.  But in time.

     Oh, I haven’t forgotten.

     Now, this was what I was going to say.  Yet again, in the 20th Century,Spainwould shake the very foundations of the scientific and technological  world with and bequeath to modern society an invention so profound that its effects are still being felt by me today. Literally.

            It’s the Chupa Chups, the Spanish version of the lollipop, and I just happened to have one in my mouth as we speak.  That’s how recent its reverberations can be felt.  It’s a cherry-flavored one and it’s been pretty good for the first thirty seconds, but now I am getting a little tired of it and wish do away with it elegantly like tossing it over the balcony.

       I even took a picture of it seconds before its execution.  Its death.  I placed it on a nice bare background for minimalist effect and artistic simplicity representing the futility of life as a sucker.

       The Chupa Chups is almost round like a globe, though it has a thicker band protruding around its equator.  You’ll have to excuse the imagery.  This product makes up the second tine of the great trident of Spanish inventions that I have heard about so many times throughout my life here.  The others are the modern submarine and the mop and bucket, if you haven’t been following this fascinating series.

            When I first heard this bit of trivia, I expressed my admiration out of kindness and politeness, because it was quaint, and because anyone who openly claims with pride that their country boldly ventured where no candy maker had before, or so they say, certainly garners my praise.

       I say that’s sweet, no pun intended, and move on. Then after hearing it for the tenth time, I begin to wonder just what kind of information is meted out in those social studies classes, because it’s nice to know that the Chupa Chups has its origins in the Iberian Peninsula, it’s another thing that it should earn such an honored spot in the kingdom of technological advancement.  It’s a fine contribution to society, especially for those in the dental service sector, but no more so than thousands of others.  Robert Kearn ofDetroit,Michigan, invented the intermittent windshield wiper back in1963, aprodigious creation from a driver’s point-of-view, and yet most Americans do not know this, just like they are about the vast majority of human ingenuity.

            But there you have it, a world where even the simplest things can share the limelight.

            As to be expected, the ubiquitous lollipop did not see earthly light for the first time in Iberian lands.  And, as to be expected, it is nearly impossible to determine just where it did.

            The modern version of the lollipop has been attributed to a man named George Smith, who owned a candy company inNew Haven,Connecticut, my homestate.  That really is a blow to the Spanish.  By the way, New Haven also is said to be the birthplace of the hamburger, not dreamed up by some kooky-looking clown, so it should be noted that this otherwise discreet coastal city on the East Coast of the United States noted otherwise for its fine university, Yale, has also been one of the most fertile creators of modern pop gastronomy.

            Chances are, though, the lollipop had been invented decades, if not centuries, before as its concept, eating without getting your hands all dirty, is hardly a novel one.  Haven’t you ever seen those Middle Ages movies with the Vikings plunging their swords into chunks of the roasted meat the size of footballs?

            It was apparently this issue that prompted our Spanish hero, Enric Bernat, to come up with a similar answer to the age-old issue of what to do about the children tackling with sticky food.  He had witnessed a mother scolding her child for getting his hands all messy after a bout with some sweets.  For the most part, this has always been a debatable motive for telling your kid off, because most candy is simply not designed with a kid’s mind in mind. They kind of assume the little one will handle the goodie responsibly, which is really asking a lot of any tot.  So, the kid is given free reign to behave under the toughest of circumstances and gets told off to boot.

            To resolve this problem.  Bernant devised a candy which kept the child’s hands away from the cause of all the stress.  Then he took his newfangled treat to stores all over the country requesting that it be placed on the counter right next to the register and, yes, within reach of a child.  This was a major breakthrough in marketing.

            The campaign paid off, and Bernant’s idea quickly became a hit and sales rocketed.  One source says that the annual production is about 12 million per year, which comes in at about 33,000 lollipops a day.  You would think that it would cover costs, but apparently not.  The company closed down a big plant inAsturiasin 2011 and there is only one left in the country.  These things out to be protected by the national heritage board.