Yeah, right! - Writings by Brian Murdock

Archive for the ‘Spanish wine’ Category

Spain,Spanish wine

September 14, 2011

Spanish Wine 1: Back to the Bottle

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It’s been some time since I have written about Spanish wine, not that I’ve forgotten to drink, I just have bothered to put it down in words.  A great deal has happened since the days nearly a decade ago when I decided to set out on an adventure to learn about this world which is so deeply rooted in the culture on tradition of this country.  Thos were the days when I wrote my first book Let’s Open a Bottle.  The revolution has been moving that quickly and the results have been both fascinating and varied.  Many of the up-and-coming regions have continued to soar to stardom while others have kind of let the momentum putter out.  Then there are those which have come out of nowhere and taken the market by storm.  Who would have expected the Calatayud region, for example, with its rich Garnacha grapes grown from old vines to seduce the market the way it has?  But that is exactly what has happened.  It should not have come as any surprise, now that I look back at it.  Calatayud was a no-namer, but it had a lot of inexpensive wine to produce.  Calatayud decided to turn to making some outstanding meaty wines.  Whereas regions like Toro have gotten a little too fancy for their footsteps, Calatayud kept its prices at a human rate…and in the end, people appreciate that. 

         Other developments have taken place just about as we said they would.   The Madrid white wine market has succumb to the charms of the Rueda wines which maintain their attractive prices and their solid quality.  And many of the giants like Rioja and Ribera continue to uphold the prestige they have enjoyed for decades if not centuries.  But the competition is still stiff out there and the offer seems to me more varied and enticing than ever.  So, allow me to return to the bottle and fill you in on some of the novelties taking place.  I think you’ll find it fun, healthy and not too overbearing.  That’s they way good wine should be.  You’ll see.

Madrid,Spanish wine,What's happening in Madrid

April 20, 2011

Holy Week Processions in Madrid…should you want to see one

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Semana Santa, or Holy Week, officially started on Sunday, and you can run into a procession or two around the area, but things don’t really kick off until today, Holy Wednesday.  Aside from collapsing the highways, the streets of numerous cities in Spain will also fill with crowds and solemn religious processions organized and performed by local societies.  The mainly male members of these groups parade around the town, often dressed in long gowns and pointed hats that eerily remind the untrained eye of a KKK meeting.  These traditional garbs go back centuries.  The societies (often called cofradías or hermandades) carry around what are essentially floats that depict different moments of the Passion of Christ, especially the sad part of it.  You see, the Spanish have a funny way of emphasizing the tragic side to this story, often ignoring all together the “happy ending” when Jesus comes back and triumphs over death.  Much of the rest of Europe highlight the final victory, while the Spanish focus on the fact Jesus was betrayed, unfairly tried and nailed to a cross.  The processions are proof of that, as ten of twelve of them take place between now and Good Friday, and the remaining two are on Saturday.   There is not one scheduled procession, parade, party, egg hunt or lamb dinner scheduled for Sunday, as far as I can tell.  That’s the day people have to drive back, which can be a calamity in itself. 

            Thank God I’ve got my bread for the torrijas.  The one I had in the section of stale and old things was so stale and old I can use it as a rolling pin.  I found a store that sells bread prepared specially for torrijas!  I’m half way there!

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March 5, 2011

Un Día en el Campo 5

Cogimos una pista de tierra para adentranos en el campo.  Hacía un día espléndido.  El sol encendía los colores manchegos por todas partes.  El verde de las encinas y los olivos, el marrón de la vides, la naranja del suelo arcilloso.  Era la época de la poda.  Había sectiones con las cepas ya bien rapadas y formalitas, listas para el nuevo ciclo, mientras otras aún con el pelo bien largo y salvaje.  Cerca de la finca paramos y recogimos un buen manojo de ramas cortadas que usaríamos para encender la chiminea.  Las metimos detrás y seguimos hasta la casa.  Digo casa en el sentido amplio, porque no cabe duda que la estructura es grande, pero la mayor parte constituye una nave para guardar maquinaría, herramientas y comida.   Es un lugar para visitar, para pasar el día, pero no para vivir, por lo menos por ahora, y no porque no tenga una belleza impresionante y unas posibilidades envidiables, sino porque no está condicionada.  Algún día, si Dios y los hermanos lo quieren.

          Aparcamos y como ya eran pasadas las dos, nos pusimos enseguida con el fuego cuyo único objetivo sería servir de brasa para nuestros hermosos entrecots.  Nos costó encenderlo.  Los sarmientos estaban algo verdes aún al estar recién cortados y había recurrir a otros objectos más secos para animarlo.  Por fin lo conseguimos sin prender fuego a la casa y pronto las brasas empezaban a aparecer.  Mientras tanto abrimos una cerveza, la tomamos con las patatas y el queso mientras preparábamos una mesa de lo más curiosa.  Cogíamos una mesa de plástico de esas del tipo terraza de verano y un par de sillas de madera de época y llevamos todo afuera a tres metros de un campo arado.  Sacamos el corcho de un tinto de tempranillo llamado Gran Fontal Vendimia Seleccionada (es de otra bodega de otro tío suyo) y la colocamos encima para cumplimentar la escena surrealista.   Solo faltaba una casco de bombero, una foca aplaudiendo y una foto de cartón tamaño real de Otto von Bismark para rematar. 

            Nos sentamos y empezamos la comida.  No podía ser más elemental:  un entrecot, un queso, pan y vino, delicioso por cierto.  No se podía pedir más.  Hay cosas en Europa que no tenemos allí por mucho que lo queramos…si es que lo queremos.  Europa tiene historia, tiene calzadas romanas, tiene castillos y ciudades medievales, tiene catedrales y palacios con inmensos jardines.  Tiene todo eso, lo sabemos.  Pero no me refiero a eso.  No me refiero a algo tan evidente.  Me refiero a la capacidad de recoger y utilizar herramientas básicas, elementos simples, instrumentos rudimentarios, ingredientes de materia prima y convertir todo en un momento tranquilo, sumamente humano pero sin dejar un toque de elegancia.    

           Bajo un sol de febrero cálido y amigable entablamos una buena charla entre colegas, disfrutando de una sensación que solo el campo te aporta.   

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February 27, 2011

Un Día en el Campo 2

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Condujimos hacia el este con el sol en nuestras caras.  Un poco después de Villarejo de Salvanés, abajo a la altura de a ver si me acuerdo del nombre del pueblo, Fuentidueña del Tajo, eso es, avistamos un atasco a lo lejos y aunque parecía ser un parada breve de poco más de un kilómetro, Javier tenía claro que no le apetecía ir por allí, que conocía un camino alternativo, que conocía un camino que conocía y que sabía que conociéndome me iba a gustar.  

“Vale.  Adelante.”

En realidad lo que quería hacer era llevarme a una finca suya, una finca donde nunca había estado, una finca que su padre había comprado y que le había enseñado poco antes de fallecer.  En ese sentido, era un sitio con mucho sentimiento para él.  Para llegar hasta allí tuvimos que meternos por caminos donde pocos van, por donde pocos pueden, por donde me gusta ir.  Con su 4×4 embestimos charcos grandes de barro en el nádir de cuestas y resbalábamos alegremente en la subida hasta agarrar tierra más firme y seguir.  Giramos a la izquierda y luego a la derecha y para aquí y para allá y alrededor.  De repente llegamos a una bajada donde el camino quedo cortada por una valla y fue allí donde Javi paró el coche y dijo, “Ya hemos llegado.  A partir de aquí se va a pie.”

Sonaba a un inicio de una larga caminata por el centro de ningún sitio pero fue en realidad un corto paseo hasta la finca.  El Monte Trueque; una colina de modesta estatura pero capaz de superar la mayor parte de la plana Mancha.  Allí nos encontramos con un campo recién plantado con cebada.  Las agujas verdes se levantaban hacia el cielo.  El campo formaba una lengua enorme de cereales jóvenes que descendía hacia un punto en que la tierra se precipitaba hacia otro campo sembrado que, a su vez, seguía hasta quedar cortado por un río que se había acercado directo a nosotros a la derecha y luego girado bruscamente hacia el oeste (más o menos) para abandonar nuestra vista a la izquierda.

“Es el Tajo.”

“¿Cómo va a ser el Tajo?  El Tajo es enorme.  Un río que recorre cientos de kilómetros.  En Lisboa parece un mar.”

“Es el Tajo.”

Lo era.  ¡Qué hermosura!  ¡Qué delicadeza!  Un río joven e inocente.  Los ríos no tienen edad fija.  Siempre están naciendo y muriendo a la vez.   Yo, lo que estaba viendo, era un año, un mes, un día y una hora en concreto.

A las niñas les encantaría esto.

Volvimos al coche y seguimos hasta Tarrancón donde paramos en la cooperativa para comprar un poco de carne.  Pillamos unos entrecots de un grosor de tres dedos.  Más de tres kilos en total.  Y de ahí seguimos hasta la bodega de su tío, que está siendo una de las empresas vinícolas de más éxito de La Mancha.  Se llama Finca La Estacada y la conocí cuando apenas era más que un bebé.  Javier fue a hablar con su tío y yo aproveché para hacer un reconocimiento de la propiedad.  Ahora han construido un balneario y un hotel con restaurante y, hay que decirlo, todo me pareció impresionante.  Daban ganas de pasar el fin de semana allí.  Pueden resultar tremendamente frustrante momentos así.  Pero saber que existen y que siempre se puede volver consuela…aun sabiendo que lo mismo no vuelves en tu vida. 

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February 26, 2011

Un Día en el Campo 1

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Javier me recogió hoy a las 9.30 para ir al campo.  Me había propuesto acompañarle a varios sitios en Cuenca y Toledo, donde se dedicaba a numerosos asuntos suyos.  Yo tenía un montón de cosas urgentes que hacer hoy, pero la oportunidad de ir al campo siempre hace que las cosas necesarias de la vida sean prescindibles, durante un rato por lo menos. 

        Me recogió en mi casa con el gran coche 4×4 (no me preguntéis por la marca porque sabéis que se me da fatal eso.  Solo sé que era más o menos del tamaño de un rinoceronte).  Me subí y salimos.

        “¿Qué tal anoche?  ¿Saliste por ahí?”

        “Bueno.  Sí.  Y más que me esperaba.  La cosa se lió, ya sabes.”   Tenia apenas cinco horas de sueño encima, pero con un ibrofeno y un poco de cetirizina para las alergias, creo que iba a poder con el día.  No era precisamente un cocktail letal.   El mundo había cambiado mucho desde los días de Hunter Thompson. 

        “¿Qué?  ¿Ligaste o algo por el estilo?

        “Sí hombre.  Como si no tuviera otra cosa que hacer.  Estos días, si ligo es sin querer.  Anoche iba de camino a casa cuando una niña me dijo que le gustaban mis gafas y que si se las podía probar.”

        “No jodas.”

        “Como lo oyes. Y eso que estaba bebida y era de noche. Luego se enteró de que era profesor y quería que le diera clase de inglés porque.”

          “No jodas.  ¿Y estaba buena?”

         “Estaba bien rica.  Es profesora y le di mi correo.  Dijo que me escribiría hoy.”

        “No jodas.”  Casi tuvo que aparcar el coche para respirar más tranquilamente.  “¿Por qué estas cosas no me pasan a mí?   ¿Y le vas a dar clase?”

        “Claro que no.  Como si tuviera tiempo para eso.”

        “Pero le has dado tu correo.”

        “En primer lugar no me va a escribir, ni de churro.  Se va a levantar esta mañana, y va a ver mi correo, si es que se acuerda de quien era, y se va a acojonarse.   Te lo digo yo.  Además, como te dije, no quiero dar clase.”

        “Eres impresionante.  Acabarás siendo mi héroe.”

        “Bueno, eso sería un gran error por ti parte.  ¿Qué tenemos en la agenda para hoy?”

        Javier me contó que íbamos primero a comprar unos filetes en Tarrancón y luego a la bodega de su tío, luego a su casa de pueblo en Fuente del Pedro Naharro y de allí a sus viñas en Toledo para comer y realizar unas tareas campestres.  Todo me sonaba fenomenal.  Yo, con tal de comer un buen filete en el campo, soy capaz de hacer cualquier cosa.  Me pierde.  Ni encuentros nocturnos con profesoras desconocidas ni historias…

        …a ver cómo se desarrollaría el día.