Yeah, right! - Writings by Brian Murdock

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In Spanish

October 14, 2013

Setas

Pues otro puente que ha venido y se ha ido sin pena ni gloria.  Más bien pena más que gloria.  El 12 de octubre, el Día de Todo-Menos-Celebrar-El-Descubrimiento-de-América, cayó un sábado, así que poca cosa.  Eso no impidió que todo Dios saliera al campo para hacer Dios sabe qué, porque no veía a nadie parar.  Estaban todos en la puñetera carretera.  Supongo que algunos habrán querido a buscar setas, que es lo que dicen todos que van a hacer.  Eso sí que es algo tan propio del Viejo Continente, algo tan tradicional.

Muchos españoles dicen irse a recoger setas todos los años.  Y cuando no consiguen llegar al bosque, cosa habitual, afirman disfrutar de esta actividad con un entusiasmo que supera lo normal.  Lo enumeran como uno de las diez aficiones que tienen.  “Sí, a mí me encanta el otoño.  Me encanta recoger setas.”  Son dos frases que van casi unidas.  Digo yo que hay más seteros en este país que setas disponibles.  Me da que pertenece al mismo grupo de personas, también sorprendentemente numeroso, que no ven la tele nunca y como mucho para ver algún documental.

En Connecticut nadie caza setas porque todo el mundo sabe que todos los hongos son venenosos y que hincar diente en uno te pueden dejar más tieso que una tabla de surf en una cuestión de segundos.

     Solo los que se encuentran bien empaquetados y etiquetados en un supermercado aseguran tu supervivencia.  De vez en cuando, algún entendido de micología me da un par de consejos sobre las setas buenas y malas.

       “Son todas malas,” te digo.  “Matan siempre.”  El amigo insiste y me da la lección de todas formas.  Si mal no me acuerdo, es algo así como, las que tienen pinta de tóxicas son las buenas, y las que se parece a las que te ponen en un plato con ajos, son las que te pueden cambiar la vida para siempre.

Pero al igual que con el mus, a poco tiempo se me olvida de casi todos los detalles y no me atrevo a ni tocar una no vaya ser que sus sustancias malignas pasan por los poros de la piel y me dejan allí tirado sobre un lecho de hojas de pino.  Así acabaría cultivando mi propia colonia de hongos.

       Como americano nacido en América, estoy genéticamente diseñado para generalizar lo más posible por motivos de seguridad.  Por eso se te pide demostrar en una tienda que tienes más de 27 años para comprobar tabaco, aunque la edad legal es a partir de los 21.  Así evitas la duda de si uno te está intentando engañar.  O cuando no dejan a los profesores tocar a ningún alumno, no para omitir contacto con los pequeños, sino para eliminar los malentendidos y alejar a los pederastas.  Pues eso, si no sabes si algún crecimiento de la tierra te va a alegrar la comida y hacerte anfitrión en el próximo entierro familiar, mejor no tocar ninguna.  Sobre todo cuando te das cuenta de que forman una legión las clases que pudren tus entrañas.

      Amanita Phalloide es, por lo visto, la peor de todas.  La seta más peligrosa si es ingerida por humanos. Si no eres humano, afecta menos.

       Según Wikipedia “Es un hongo mortal que ha causado el fallecimiento de numerosas personas ya que el síndrome faloidiano es un síndrome de acción lenta, y además las toxinas actúan sobre el hígado y los riñones, dando lugar al fallo hepático.” Luego advierte con sabia certeza: “Por esta razón, es importante no confundirla con otras setas comestibles.”  Gracias, hombre.

Y luego, una vez bajos los pinos y en posición de rastrear la zona por nidos de familias de setas, la gente ataca.  Por lo visto, hay una especie de atuendo oficial para extraer hongos del suelo.  Muchos llevan gorras tipo boonie, anchos y ondulados haciéndoles parecer setas ellos mismos.  En el brazo cuelga una cesta de mimbre oscuro y grueso tan fuerte que sirve para guardar las delicias así como moler café.  El camuflaje, supongo ayuda a despistar las manadas de champiñones.

       Supongo…porque nunca he recogido setas, pero voy a decir que sí para no ser menos.  Otro año será.

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October 13, 2013

Oktoberfest Baby

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Justo el otro día, más o menos al principio del mes, recibí dos emails, curiosamente el mismo día: Uno anunciaba que octubre iba a ser el mes de 30 días + 1 sin alcohol, y el otro me invitaba a participar en el Oktoberfest ese fin de semana.  Opté por ampliar de mis horizontes cultura alemana en vez de jurar de abstinencia por una causa desconocida llamada “¿por qué?”.  No me lo había planteado, ni motivo tenía, así que me fui a la parroquia alemana católica allá por Avenida de Burgos, para la “fiesta de la cerveza” como la llaman los españoles vulgarmente.  En Madrid hay dos iglesias regidas por alemanes, algo que sabe muy pocos madrileños, y casi menos alemanes.  Bastante atención me llamó con que hubiera una.  Pues eso, una para satisfacer la fe de cada uno: protestante y católica.  Las dos montan dos celebraciones reseñables en el calendario: La Oktoberfest y El Mercadillo de Navidad, que coincide con el comienzo del Adviento.

     La Oktoberfest la organiza la parroquia católica, de alguna manera me parece lógico, aunque no sé muy bien por qué.  Ha ido creciendo en popularidad a lo largo de los años.  A mí me gusta decir con tono adolescente que la conocía ya hace bastante, cuando casi nadie venía menos los alemanes más férreos y los bebedores más fieles a las tradiciones mundiales.

     Sorprendemente, Madrid, a pesar de su respeto hacia todo aquel que sea de origen alemán, quizás salvo el nazismo, el español de la calle no la ha acogido con las mismas ganas de recibieron a las fiestas de San Patricio promulgada por los irlandeses, otros grandes amantes de la juerga.  Eso fue tremendo, y ocurrió en una cuestión de unos pocos años.  Recuerdo que estaba en La Ardosa el 17 de marzo, 1991, y perfectamente que era un domingo, y estaba tomando un par de pintas con un inglés, que es un poco como invitar a un vegetariano a cenar en un asador, y no había casi nadie.  Tres años más tarde, estaba la sala de baile del Círculo de Bellas Artes petada de gente el mismo día, hasta tal punto que el suelo retumbaba.  Los irlandeses fueron listos.  Utilizaron una especie de estrategia troyana para invadir el país y hacerse con él.  Primero abrieron centenares de bares acogedores sabiendo que a los españoles les va la fiesta, y luego introdujeron sus costumbres.  Cuando llegaban las fechas claves, la gente estaba enloquecida.

      Los alemanes no han logrado el mismo éxito; o bien porque omitieron adoptar la misma táctica, o bien porque no se les ocurrió.  El caso es que años después, el festorro por excelencia germano apenas reverbera en esta ciudad.  Casi mejor.  Así se puede disfrutar del ambiente sin tanto alboroto, supongo.  Así se puede sentar en una mesa larga rodeado de gente desconocida pero conocida en causa, una buena salchicha asada y una sabrosa cerveza de trigo turbia.  ¿A quién se le ocurre elegir a octubre como un mes sin alcohol?

In Spanish,Twenty-Five Years and Still Running

April 21, 2013

25 Years in Spain: Planes, Trains and Automobiles 8

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As luck would have it, I didn’t have to go through the dreadful process of becoming a certified private driver in this country at the cost of hours of classes and dents in my wallet.  Law and the lawmakers would change that no long afterwards, but when I was still a stripling in this town, you could mosey on down to places like the RACE offices, which used to be on Bravo Murillo I believe, and fork over 5,000 pesetas for someone in the office to give you one.  They just assumed you knew how to drive.

            But first, and there always is a “but first” in this country, you had to locate a nearby medical center where you could undergo a test known as a psicotécnico, which sounded to me at first like they wanted to hook me up to a bunch of wires, show me blot images while playing  Tom Jones’ songs in the background and ask how I was feeling.

         It turned out to be just a fancy name for a physical.

         And not a very physical one at that.  I didn’t have to sprint a hundred yards in under 12 seconds, but they did look into certain fairly important sensorial qualities like eyesight and eye-hand coordination. In other words, could I see and just how much or if a train were coming as I crossed the tracks, would I know what to do.

         But first, because there always had to be a first, I had to pay for this.  This cost me in the neighborhood of about 5,000 pesetas, or what amounted to about a day’s work for me.

         The eye test was complete but not the end of everything.  Essentially they told me everything I already knew.  They wrote on a paper that I needed glasses, which I knew since that was the feeling I always got about myself when I took off my specs.  They added that I should I have a replacement pair available at all times, which is true, but I don’t.

         Up to that point, the test had proceeded without serious challenge, but the good people at the clinic had a trick up their sleeve which they had failed to inform me of.  It was time for the eye-hand coordination game to see how good the rest of my reflexes were.  For some reason I figured tat this would amount to little more that a rubber hammer being thudded below my kneecap, but the office had something slightly more sophisticated in mind. They were video games.

         There exist a number of tests, and on this occasion I got to face one.  It consisted of watching a ball appear from the left side of the screen, then disappear beneath a kind of block.  I was supposed to judge when the right time would be for the ball to stop before crashing into a wall on the right side.  To do this I was supposed to press a button at the moment I felt was right.  Graphically speaking it had all of the appeal of one of those 1970s prototype video games, but that didn’t matter because the reality was it had the power to determine my future as a driver.

         I had always assumed that my hours of Friday timewasting at the local arcade in my hometown would somehow come in handy later on in life, and this seemed like the moment had presented itself.  The best place was in the bowling lanes.  Yes, Greenwich had both a bowling lane and an arcade.  They happened to be in the same place.  This may have been a concerted effort to confine all cheesiness to one place, but we knew where the cheesiness was.  So, instead of making the most of my weekend to get a little studying in, I generally waned away my youth before a video screen uselessly making imaginary spaceships disappear until they did the same to me.

        I figured this bit of early training should have been enough to ease me through the test and probably contributed to my nonchalant attitude at the clinic. That was until the inspector looked at my results and said, “Please take this seriously.”

       “What?”

        “You’ve crashed your balls into the wall at least three times.  According to this you’re not fit to ride a tricycle.”

       So, I did, and after some further concentration managed to pass.

        Then I went back and requested the new driver’s license.  But first, and there always is a “but first”, I had to fork over another 5,000 pesetas as a general fee for no particular reason.  It’s supply and demand.  I wanted to drive, and only they could get make that happen.   So, it was another 5,000 pesetas for the system.

      A few days later, my friend back at RACE handed me my pink foldable driver’s license and said that I now had permission to drive amongst the other 38 million Spaniards, which I felt was a reasonable offer for just a few buckaroos.

       All I needed to do was learn.

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January 9, 2013

Empezando el Año con un Viaje

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Intento ser lo más sensible posible en los primeros momentos del año para sacar alguna indicación sobre cómo me van a ir los próximos 365 días.  Es un razonamiento bastante irracional, he de ser sincero, y algo que evoca todo tipo de críticas desde el campo científico, pero como no pienso publicar esto en una revista profesional, que les den.

      En fin, las primeras horas me saludaron con alegría, abrazos, besos, música, baile y, por supuesto, las doce uvas de buena suerte al principio.  Embutir la boca con doce trozos de fruta como manera de arrancar la siguiente vuelta de nuestro planeta alrededor del sol, desde luego se aleja de la forma tradicional de celebrar este día en el resto del mundo, pero precisamente por eso resulta ser una de mis costumbres preferidas de España.

      Eso no quiere decir que no me he encontrado con situaciones de vida o muerte por culpa de intentar engullir la docena con demasiada agresividad.  Y tengo que reconocer que por muy divertido que pueda resultar, no es comparable con colocarte al lado de la chica más guapa de la fiesta para poder plantarle su primer beso del año, como es la estrategia en mi país, pero no cabe duda de que la boca no pasa el momento inactiva.

      Este año acabó un poco más relajado que lo normal ya que la abuela de la casa donde estaba cenando se dispuso a pelar todas las uvas de todos los participantes para reducir el riesgo de atragantarse, cosa normal, porque a nadie le hace ilusión empezar el curso solar en el tanatorio.  Después de todo, solo dispones de unos 36 segundos para completar la tarea.

      No obstante, lo de pelar las uvas siempre me ha parecido algo asícomohacer trampa y por consiguiente podría causar un efecto negativo en mi fortuna y futuro.

      Yo nunca pelo.  Y así se lo dije.  Dije que no era un “pelador”.

      Pero se empeñó y tampoco me apetecía acabar el año echando una bronca a una mujer de casi 80 años, así que cedí.

      Es una labor ardua y merece la pena evitarla a todo coste, pero supongo que está bien si alguien se ofrece a hacerlo por ti.  En el fondo sabía que era todo un detalle por su parte y se lo agradecía.

      Llegó la medianoche y con ella, las inminentes campanadas.  Primer llegaron los cuartos, ni caso.  Luego el plato fuerte.  Pasamos la prueba más o menos sin incidentes, aunque reconozco que la fruta despellejada estaba muy pringosa y tendía a quedarse pegada al plástico, provocando varios segundos de pánico con la idea de que me iba a quedar colgado y no seguir el ritmo de pelotón, pero logré alcanzar a los demás.

      Luego la música y el baile familiar durante un par de horas.  Es algo que me encanta de España.  Ves a gente de 3 a 83 años en la misma sala, riéndose, cantando y moviéndose a la música más variada que te puedes imaginar…y todos disfrutando.  Es ese algo de inocencia que nos falta a los americanos.  Pasándolo en grande, porque sí.

      Sobre las tres de la mañana decidí que había tenido suficiente y dije a todo el mundo que me iba.  Lógicamente la respuesta fue, “¿Por qué tan pronto?” Cosa que entendía porque realmente era muy temprano en este país, al contrario de los demás lugares donde la gente ya estaría sobada y durmiendo la mona.  No es nada fácil despedirse de los españoles porque les gusta insistir en que te quedes.  En el pasado no sabía qué hacer y muchas veces cedía, pero he aprendido que lo que tienes que hacer es ser firme durante un periodo crítico de 3-4 minutos y si aguantas, si lo superas, eres un hombre libre.

      Hablando de libre, mi mayor preocupación una vez en la calle era saber si iba a encontrar un taxi que no estaba ocupado ya que Nochevieja tiene fama de ser una de las más complicadas en este sentido.

      Mientras me acercaba a la esquina, noté que había numerosos taxis pasando volando.  También he observado que la mayoría llevaban las luces verdes encendidas, indicando como bien se sabe que estaban disponibles.  Esto me extrañó.  Lo mismo había sido porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que salía en esta fecha y no recordaba bien la situación; o, a lo mejor, la flota de taxis había crecido.  También se me ocurrió la posibilidad de que estaba en la acera del sentido contrario, es decir, de alguna manera, iba hacia el centro y no hacia fuera.  La mayoría de los taxis libres vienen desde fuera hacia el centro, ya que han dejado a sus clientes en su destino y ahora buscan a nuevas personas.

      En resumen, estaba contento de saber que no tendría que esperar casi nada.   Me subí, le dije con voz cansada al conductor a donde iba y envié un par de whatsapp a unos amigos deseándoles lo mejor para el nuevo año.  El mío, desde luego, había comenzado con buen pie.

       Cuando estábamos llegando, eché vistazo al taxímetro y vi la cantidad de 6,30€.  Al ser las fiestas y un tiempo para ser alegre y generoso, planifiqué redondear el coste final hacia arriba hasta 7,00€ que incluía una propina de 0,70€.  Después de todo, el pobre hombre tuvo que trabajar una noche con esta lejos de su familia y amigos.

       Soy consciente de que la propina puede sorprender a algún lector que no esté familiarizado con las costumbres de aquí.  Aquí la gente no se siente obligada a dar una propina, pero cuando se hace, suele ser una cantidad simbólica.

        En fin, el taxista se paró, y mientras iba sacando mi cartera, vi cómo él empezaba a pulsar todo tipo de botones en el taxímetro.  Aparece la palabra “suplemento” y a continuación la cantidad 6,70€.  Me dice con tono muy natural, “¡Qué bien!  Sale perfecto.  Serán 13,00€.”

       “¿Qué dice?  ¿Está seguro?  No me parece perfecto a mí.”

       “Más que seguro.  Es el suplemento de Nochevieja.”  Ya entendía porqué nadie cogía un taxi.  Solo el gilipollas de mí.

        Bueno, damas y caballeros, solo os puedo decir que era ya tarde y aunque estaba atónito ante el coste adicional, que, como pueden apreciar, era más alto de la tarifa real, no me encontraba con fuerzas de pelearme con nadie, sobre todo porque no estaba seguro.  El conductor parecía muy normal, desde luego.  Me había oído hablar. Lo mismo había entendido mi acento y decidió añadir un regalo especial para el guiri, pero tenía la sensación de que no.  ¿Había comenzado el año con un palo de un 106%?  Si era así, ya entendía porque había tantos taxis libres.  Este hombre ya se había llevado su propina, y tanto.

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November 30, 2012

Por un Puñado de Pavos

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Aquí os enseño una foto de mi pavo, que se consumió a lo largo de estos días.  Aun estamos en noviembre así que me tomo la libertad de hablar del día de Acción de Gracias, aunque fue ya hace una semana.  Rara vez lo celebro el mismo día, ya que es una semana normal de trabajo aquí en Madrid, aunque parezca mentira. Tanto puente…tanto puente…y tocan cinco días consecutivos laborables.  Hay que jorobarse…no digo el otro porque se me acusa de utilizar con demasiada alegría los tacos en español, cosa que me impacta porque había pensado que nadie utilizaba tantas palabras soeces como los españoles, pero parece solo los futbolistas extranjeros y los profesores pecamos de eso.  Mis amigos me dicen cosas como:

        “¡Joder! Te has pasado un huevo con los tacos en tu libro.  Pareces un convicto, me cago en la puta.”

        “Pero yo solo estaba intentando reflejar el lenguaje que yo oigo de vosotros.”

        “¡Nos has jodido!  Nosotros hablamos así, pero es una cosa decirlo, es otra cosa escribirlo, joder.”

        “¿Y si quiero escribir cómo habláis?  ¿Cómo lo hago?”

        “Yo qué sé.  Ni puta idea.  Pero así no.  Ten en cuenta que la gente no quiere leer esas barbaridades, coño.  Hay que ser más fino.”

        “Vale, vale.  Lo intentaré.”

        Y así es.  Sigo fiel a mi promesa de no usar tacos.  Solo quiero hablar de pavos.  Esto es el mío en la foto, visto desde arriba, desde el punto de de vista de un pájaro volando, algo que un pavo nunca podría hacer, por cierto.

         No es fácil pillar un pavo así porque sí en España, en esta época, por lo menos.  Tienes que encargarlo porque tu pollería normal y corriente no los tiene por allí.  Ellos, a su vez, te lo tienen que encargar.  Lo hacen encantados porque esta fiesta les supone un negocio que antes no existía en sus vidas.  El dueño de la pollería de mi mercado ya había vendido unos diez la semana pasada.  Y bien hermosos, quieras o no.  Aunque le pedías uno pequeño porque tienes un horno con capacidad para seis magdalenas.  Es una joya de otra época donde tengo que calcular la temperatura según oigo la cantidad de gas que sale dentro.  Todos los años al pollero le pido un ejemplar de unos 4 o 4,5 kilos, me dice que vale, y me entrega uno de 5,5, siendo éste “el más pequeño de toda la ciudad.”  Yo sospecho de una pizca de picardía por su parte, propio de algunos comerciantes aquí.  Es un modesto suplemento, aunque tampoco tan pequeño, que a seis euros y kilo, sale el ave a muchos pavos por pavo.  Me explica que la época de pavos en Navidad está dentro de un mes, y que los de tamaño más pequeños se están preparando para entonces y que no los hay ahora.

       “¿Qué pasa?” gruño en voz baja. “¿Encogen de aquí a entonces?”

        Da igual.  Ha salido triunfante del horno y sigue en la casa.  Ahora estoy con los huesos haciendo un caldo de la ho…perdón, de lo más satisfactorio.  El resto ha sido repartido entre mi estómago, mis hijas y algunos amigos que se han emocionado mucho ante la posibilidad de probar un pavo de Thanksgiving de verdad.  Esta fiesta les resulta curiosa a los españoles, y les intriga, sin entender muy bien para qué es y para qué sirve.  Ni cuando con exactitud.  Se celebra el cuarto jueves de cada noviembre, por cierto, y forma parte de un puente hermoso de cinco días.  Pero es una fiesta que atrae mucho a los españoles que conozco yo.  Quizás sea porque se trata de una reunión familiar en la que se come a lo bestia; dos costumbres bien arraigadas en el espíritu español.

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November 17, 2012

Imágenes de España: Puesto para Parar Los Desahucios

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Esta foto se tomó cerca de la Calle Arenal, frente la tienda de disfraces Maty.  Aquí se puede firmar peticiones a favor de parar la locura actual, la de desahuciar a la gente.  Verás, el inconveniente de comprar una casa a toda costa es que cuando las cosas se ponen feas, y en los últimos años se han puesto bien horrorosas, manteniendo la parcela de tus sueños se convierte en una pesadilla. Yo dejaré de ser un graciosillo en esta ocasión porque hay poco divertido en todo esto.

 

Uno de los temas actuales más calentitos se centra en los desalojos galopantes que afligen el país, movidos y promovidos por los bancos, las mismas instituciones a las que el gobierno, ergo nosotros, así como el resto de Europa hemos tenido que rescatar.

 

Todos menos Grecia, supongo – aunque no me extrañaría que echaran unos euros también.  ¿A que sería irónico?  Es bien conocido que en plena hambruna de patatas en Irlanda, cuando la gente literalmente se moría de hambre por falta de estos tubérculos, el gobierno irlandés, bajo el control del gobierno británico, las exportaba a otros países, razonando que se podía conseguir dinero gracias a su venta y con el comprar comida.

 

Nuestro regalo a los bancos nos metió en un agujero de unos 200 mil millones de euros y ahora que todo el mundo tiene que hacer su parte para evitar el hundimiento del hasta nosotros los profes lo estamos notando, ya que nos están rebajando nuestro sueldo (me niego a decir que “nos quitan la extraordinaria” porque suena a una paga que antes nos regalaban y no es así).  No están quitándonos la paga de Navidad, están reduciendo nuestro salario un 7.2%.  Las cosascomoson.

 

¿Cómo han demostrado su gratitud los bancos ante nuestra generosidad y comprensión debido a sus descuidos garrafales?  Fácil.  Echando a miles de familias a la calle por estar en deuda con ellos.  ¡Qué majos!  Y ahora bien, todo el mundo sabe que algunos casos son el resultado de la mala administración de dinero por parte de los dueños de la casa, pero muchos son familias honestas y trabajadoras que ya forman una parte del 25% de las Fuerzas No-Empleadas, y simplemente no pueden llegar al fin de mes…ni al fin de quincena.     ¿Dónde están su rescate?  ¿Dónde está la compasión?   Los desalojos han provocado mucha tensión y tristemente culminó el otro día en la muerte trágica de una mujer vasca de 53 años.  La suya es la segunda en dos semanas a causa de estas circunstancias.

 

Para que nos hagamos una idea de la gravedad de la situación, los dos partidos principales se han puesto de acuerdo con que tienen que paralizar esta locura hasta que se pueda crear un sistema más justo y menos castigador.  Repito, se han puesto de acuerdo.  Y algunos bancos también empezaron a tomar la iniciativa, como el Kutxa, la entidad que se preparaba para hacerse con su casa.  Claro, no está bien visto que tus clientes se maten por tu culpa.  Lógico.

 

Este esfuerzo será recibido como una buena noticia para aquellos que se encuentran en una situación igual de desesperante, pero para los demás 400,000 desalojados, ni que decir la señora fallecida, todo esto llega un poco tarde.

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October 14, 2012

Imágenes de España: La Caña

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Esta, amigos míos, es una caña, la unidad básica de consumo de cerveza en España. ¿A que tiene buena pinta, verdad? Que no os engañe la foto, como bien sabéis, constituye poco más que un sorbo, pero también sabemos que es el tamaño estándar de este país…con perdón y sin mala idea. A partir de ahí, se puede aumentar la cantidad a una caña doble, una jarra, una copa, una pinta, etc.  Pero, si lo que buscas es un traguito de birra fresquita, ésta es tu solución. Puedes disfrutar de una láger sin caer bajos los efectos del alcohol…a no ser que bebas diez, por supuesto.

     La caña se ha convertido en un tema de conversación últimamente porque cada vez son más los bares que las ofertan a precios de escándalo…en general a 1 euro. Hace poco vi un sitio que las servían a 0,60 €.  Eso es, 60 céntimos.  No os miento.  Y con una tapita incluida.

     Naturalmente, esto es una manera inteligente de conservar la clientela en estos tiempos de crisis.   Es su manera de decir, “No tienes mucho dinero porque estás en el paro,”  así que ven a mi garito a beber por casi nada.

     Mucha gente me ha comentado sobre estos chollos. Dicen que no es normal que los precios se hayan bajado tanto. Pero creo que es mi deber recordarles que no deberíamos sentirnos tan contentos. Después de todo, lo único que hacen es cobrarnos ahora lo que deberían cobrar por una caña. Lo que no era normal era pagar 1,50€ por una y recibir poco más que un par de patatas fritas de tapa…y sin una sonrisa.

     Dejad que os recuerde: los precios han subido un 82% desde la entrada del euro en tan solo diez años.  Diez años macho.  Y nuestros salarios…más o menos un 16%.

     Una caña, es decir, la caña clásica, constituye unos 150 ml de cerveza, y menos si te la ponen con mucha espuma. Lo sé porque lo he medido con mi vaso para medir cosas que tengo en la cocina. Es bueno saber que lo saco algún provecho. Y eso que estamos hablando de cerveza de barril, que es más barato.   Hace cinco años decíamos que sí a todo, como unas frescas cerveceras, y creíamos que los buenos tiempos no se acabarían nunca.   Toleramos lo intolerable.

     La caña es una imagen de España. Es una imagen de su vida social. Es una imagen de lo que España ha vivido en estos años. Lo mismo se puede decir de varios sectores. No es que los precios se hayan caído para salvar la economía.   Son más bajos porque han vuelto a los niveles donde tendrían que estar en primer lugar…de acuerdo con nuestro auténtico poder adquisitivo y no con el de Alemania. Así que, bebed, y mucho, y aprovecha de la crisis mientras dure.

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October 6, 2012

Sábado por la Mañana en Madrid

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Me he dado cuenta…y lo reconozco.  Soy un sujeto de un experimento.  Me costó al principio pillar lo que estaba pasando pero está claro.  Mis cobayas me controlan,   Son mis dueños.  Ellas dictan mis acciones.  Y, lo que es peor, lo saben.  Durante meses pensaba que ellas hacían sus ruiditos de llamadas cuando oían el sonido de una bolsa de plástico porque lo asociaban con las tiernas hojas de las espinacas.  Los perros de Pavlov en forma de una bola de pelo.  Pero parece ser que no.  Ellas mismas saben que sí hacen ese numerito de “squi-squi-squi”, que yo voy a dejar de hacer lo que estoy realizando e ir a la cocina a solucionar el problema.

         Acción…reacción.

         En alguna parte, lo estarán anotando, estoy seguro.

         Con eso en mente, salí a la calle a ver el centro de Madrid por la mañana, un sábado, cuando todo está en crisis, cuando nadie tiene un duro, donde la gente come de la basura, según el New York Times, con mi nueva cuenta de Twitter, dispuesto a iluminar el mundo sobre la vida de aquí.  En Estados Unidos, la gente encuentra empleo, pero aquí se ha pintado todo negro.

         La prensa extranjera sigue diciendo lo mismo de España.  Lo mismo que hace seis meses, que hace un año, que hace una semana.  En todos lo artículos ponen lo mismo, como si salieran del mismo patrón.  Debe de haber un super potente reportero más allá que ha creado el molde de esta información, y los demás periodistas simplemente invierten sus mezclas allí para hornear la misma pieza:

         Un desempleo de un 25%

         Un paro de un 50% entre los jóvenes

         Protestas en las calles

         El gobierno está haciendo todo mal.

         Los recortes no hacen nada

         El euro se va

         El mundo se acaba.

         No se habla de otra cosa.

         No es que no existan estos problemas.  Pero tengo la sensación irritante de que pocos relamente pisan tierra española, o como mucho saben con profundidad este país.

         No twitié nada.  Ni una sola vez, hasta después.  Sobre todo porque apenas encontré nada reseñable.  Madrid está como está.  El centro estaba vivo y alegre, ágil y activo.  El Retiro parecía el parque central de siempre.  Gente haciendo su ejercicio matutino o savando a sus mascotas.  Los patinadores invadían el Paseo de Coches.  Un saxofón soltaba una larga serpiente de notas que se movía sinuosamente en el aire, entre los árboles y alredador de la gente y las fuentes, de la carne y la piedra.

       Los castaños ya lideran la marcha hacia el otoño.  El resto de la vegetación aguarda el final del ciclo con circunpección.

        El Prado estaba sitiado por autocares y la Plaza de Neptuno acogía alguna furgoneta de la policía por si hubiera algún manifestante por allí, pero estaba todo muy tranquilo.  Hubo más gente en la cola de Starbucks de Hotel Palace.

        Había quedado a las 11.00 y pico.

       Me dejé llevar por el resto de la mañana.  Descubrí que detrás de la Puerta del Sol hay tiendas que venden telas para hacer ropa por metros.  Estábamos buscando seda.  También descubrí que allí no se vende tanta seda en esas tiendas.  Más bien diferentes tipos de tela de algodón.

         La seda buena se encuentra en la Gran Vía, en una tienda que se llama Julián López, cerca de Telefónica.  Allí hay tela de alta costura. También hay una escalera de hierro forjado impresionante.

        Como soy un esclavo de mis cobayas, hablo poco en una tienda así porque no sé nada de esas cosas.  Me limito mis observaciones a “¡Qué bonito!” o “Eso está bien” incluso, “Tiene mucho color.”

         Y luego repito lo que dice el dependiente.  “Esto es muy original, la verdad es que sí.”

         Pauso, analizo y afirmo, “Sí señor.  Muy original.”

        Y luego miro a los demás y digo, “Si señor.  Muy original.”  Pincho la superficie con mis dedos y asiento la cabeza.

       Las cosas finas merecen una actitud fina, y eso se consigue hablando poco y estudiando el material con miradas analíticas que dicen todo pero no revelan nada.

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September 25, 2012

La Alegre Levedad de Estar en Crisis: Post Mortem 1

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Hablar de Greenwich está muy bien, pero vivo en España y tengo que regresar más a menudo ya que está pasando tantas cosas.  Además algunos de mis lectores están empezando a preocuparse por el país, pensando que está a punto de doblegarse y ser tragado por las entrañas de la mismísima Tierra, o por el Euro, o por Merkel.   Vaya putada sería eso.  Residir en la superficie toda tu vida para ser enterrado antes de tu entierro.    Gracias a Dios, estamos todos aquí.    Todos menos el autor de las crónicas sobre la Crisis enMadriden agosto.  No sabemos nada de él desde los últimos días de ese mes.    Aún estoy intentando encontrar las últimas entregas, si es que fueron escritos.

         El país necesita un subidón de moral desde que la Unión Europea, o el Banco de la Unión Europea, o alguien más al norte con un huevo de dinero, no sé quien coño es, estaba prometiendo hacer las cosas mejor para nosotros…mucho mejor.   Eso es lo que dicen por lo menos.  Esto se traduce en dos posible desenlaces:

  1. Varias semanas más de diversión y ocio en las terrazas sin ninguna preocupación en el mundo.
  2. Todas esas personas que tienen un montón de dinero y que lo pueden gastar en la bolsa se han forrado en las últimas semanas porque el IBEX ha subido como mil millones de puntos desde que nos hemos enterado de que alguien va a salvar nuestro país, que a su vez salva a los bancos, que a su vez pasa de salvar a los clientes.

Y aparte de eso, la vida sigue…creo.  Estaba hablando con un amigo el otro día y nos pusimos a hablar de la crisis porque es más o menos lo que hace la gente hoy en día.

       Hablé de mi amigo el autor que había descrito con mucho detalle todo lo que había ocurrido y que luego desapareció de repente y inexplicablemente, “según,” como decía él.  Y cómo las cosas iban a estar bien al final y cómo la crisis no estaba tan mal.  Les dije todo esto porque me habían preguntado por cómo los americanos veían la situación en España, y les dije que creían que estábamos al borde de un colapso económico y social y que, por nuestra culpa, estábamos puteando la recuperación económica en su país.   Por fin, pensé, hablan de nuestro país.  Pero eso fue solo su opinión desde lejos y que cuando llegaban aquí, veían que las cosas no iban tan mal.    Nada mal en absoluto.

         “¿Que no van mal?” Me preguntaron incrédulos.  “Van fatal. Van de puta pena.  No es que España esté a punto de un colapso, porque ya se ha colapsado.  Varias veces.”

         “Trece según el autor,” especifiqué.

         “Pero mira los bares.    Y mirad las terrazas.  Están hasta arriba.”

        “Ya pero nadie está consumiendo.”

       “El alcohol.”

       “Pero eso no es todo.  Antes la gente podía permitirse el lujo de salir a cenar fuera todas noches.  Y ahora casi nunca se hace.”

        No puedo creérmelo.  Justo lo que decía el autor.  Esas mismas palabras.  Antes la gente desembolsaba 30, 40, 50, 60, y hasta 70 euros en cada salida.  Y los restaurantes cobraban un 81% más de lo que se debieran.    No es que se pudiera permitir el lujo.  Pero se hacía y es por eso que no tiene un puto duro.

        “Y qué me dices de Irlanda, joder?

        “¿Qué pasa con Irlanda?”

       “Pues que tenía una pinta horrible antesdelrescate.  Madrid no se parece en nada a eso.”

       “Eso es porque Irlanda siempre ha tenido esa pinta.  Es una economía de mierda y disfrutó de un par de años buenos y se volvió loca.  Pero era un espejismo.  Y ahora van tan mal como siempre.  Incluso peor.  Ya podrían emigrar de nuevo.”

       Desde luego me parecía una mujer bien informada en la historia.  Y mejor preparada para informarnos de lo bien informada que estaba.

       Ella prosiguió.  “La gente en España sale todas las noches porque siempre ha salido mucho, aun cuando no teníamos más de dos patatas y una cebolla en nuestras dispensas.    No tiene nada que ver con la crisis.  La crisis existe y se está poniendo cada vez peor.    No creáis que porque Madrid tenga buena pinta que estésana, porque no lo está.  La gente lo está pasando mal por todas partes del país.    Y lo peor está por llegar.”

       “Pero en Irlanda…” insistí.

       “Que les den a Irlanda.”  Irlanda no es España y nunca lo será.

       Vale…vale…vale…que les den a Irlanda.

In Spanish,La Soportable Levedad de Estar en Crisis en Madrid,Madrid

August 27, 2012

Madrid en Crisis: 25 de Agosto

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He cogido el bote que ya ni me acordaba de que lo tenía con un kilo o más monedas de pesetas, de las de antes.  Quería ponerme al día no fuera ser que aquí a poco me las iban a hacer falta.  Seguro que en el Banco de España ya están preparando en un documento de Word el cartel “Euros > Pesetas”.  Claro está que me pregunto porque se está esperando tanto si ya se sabe lo que es inevitable.  Ah, es verdad.  Primero se tiene que ganar las elecciones.  Se lo digo a las familias que estén recibiendo unos paupérrimos 400 euros al mes, que aguanten unos hasta finales de año si les importan para que los dirigentes les empiecen a solucionar la vida.

            He reunido 847 pesetas, que vienen siendo más o menos 5,10 euros.   Casi dos cervezas en el sitio donde el economista americano protestó.  Incluso hasta varias botellas de agua.  Sabéis que ya no está bien visto pedir una jarra de agua porque pareces un cutre.  En la mesa.  En público.  Y delante de tus amigos y desconocidos.   Madrid tiene posiblemente el mejor agua del grifo de España pero ya no la usa.  Desde la entrada del euro, ya no podemos vivir como los españoles sino como los alemanes.  Bebemos el mejor vino, el mejor ginebra, el mejor agua.

        Volver a la peseta no tiene que ser la única solución.  Hay ciudades en este mundo que tienen su propia divisa.  En Ithaca, por ejemplo, en el estado de Nueva York, hay gente que usa una moneda llamada The Hour. Es una divisa que solo tiene validez dentro de la comunidad de la ciudad.  También se puede usar el dólar.  Pero, al utilizar The Hour, se garantiza que una parte de la economía se quede en la ciudad y no para en otro mundo.  En Madrid podríamos inventar una y así contribuir a nuestra paga extra que nos han quitado.  La extraordinaria de Navidad.

            Pienso proponérselo a todos mis compañeros de la vigilancia para que cuando vuelvan los demás de la playa y de las montañas, podremos prepararles para los cambios.  Se espera un otoño caliente.  Calentito.  A no ser que sea de otra manera.

            Fui hasta el centro.  Todo normal.  Todos prosiguen con sus vidas porque el mejor modo de evitar un desastre, hasta que llegue, la manera más humana, hasta que llegue, es seguir viviendo como si nada fuera a pasar.  Pasé por la puerta barroca de la antigua Monte de Piedad, sede tradicional de la Caja Madrid, el banco que nos ayudó a recordar que la crisis está entre nosotros.  Alguien lo tuvo que hacer.  Por eso estoy endeudado con ellos, igual que ellos con todos los demás.  Según.

         Es bonita y me lo digo.  Luego cruzo la calle y veo la entrada del Monasterio de las Descalzas Reales, y me doy cuenta de que nunca había estado dentro.   Debe de ser el último gran lugar histórico que me faltaba por visitar.  Estaba cerrado.  El edificio era gris y sobrio como un bueno convento de clausura debe ser.

        Pero estaba cerrado.   Así que anduve un poco más hasta una calle que destaca por sus tiendas que venden elepés, y entré para ver lo que tenían.  Tenían muchos recuerdos, desde luego.  Muchas portadas que yo había estudiado de cabo a rabo.  Me acordaba de los momentos cuando los escuché por primera vez.  Me acordaba de donde estaba, en qué habitación me encontraba cuando dejé caer la aguja encima del borde del disco y atendía el ligero sonido rasposo antes de comenzar.  Ningún láser ha podido emularlo.  Entonces las portabas sí importaban.  La gente las analizaba.  Las memorizaba mientras disfrutaba de la música.

         En la primera tienda era dueño era my majo.  Estive charlando con él un buen rato.  Me dio consejos de cómo comprar un plato barato y así poder comprar los discos, que tanto me emocionaban.  Le pregunté cómo iba todo.  “Tirando.  Tirando.”  Supongo que un elepé ya es un lujo para estos tiempos.  Pero ahí estaba.  Según.

        En la segunda tienda pregunté al dueño, un joven de treinta años, muy joven en España, por cómo iban las cosas.  Era un borde de cojones.  Cero aptitudes comerciales.  Lo mismo le sobra clientela.  “Bueno.  Aquí estamos.”

      “¿Aquí estamos?”

      “Pues sí.  Aquí estamos.”

       “¿Y no te gustaría estar en otro lado?”

       “En la playa con una cervecita, ¿no te jode?”

       Era agosto.  No compré nada.  Le dije que no tenía plato ni plata.