Yeah, right! - Writings by Brian Murdock

Archive for June, 2011

In Spanish,Madrid,Spain

June 30, 2011

Correos

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Hay un dicho en inglés que dice el amor mueve el mundo pero las oficinas de correos lo paran. 

       Eso no es verdad, el refrán, digo.  Me lo he inventado, en parte para demostrar que no tengo vocación como refranero, y en parte para dejar claro que en todas partes cuecen habas.  Vamos, que si tienes que hacer muchos recados en poco tiempo el último sitio adonde tendrías que ir es a correos.  Y no solo en España, en cualquier parte. 

       Hoy salí a echar un par de cartas y fui a correos.  Los que sois de España, ya lo sé, que sé lo que me vais a decir.  Podía haberlo hecho mediante el estanco, comprar los sellos allí y echarlas en el buzón.  ¿Os acordáis de lo que es un buzón?  Era ese objeto amarillo que encuentras de vez en cuando en la calle y no me refiero al cubo de basura reciclable.  Hubiera sido lo más fácil, pero pensé que dada la hora, sería una cosa fácil.  Pues no. No lo hice.  Insistí en viajar hasta el lugar más lejano solo para encontrarme con un montón de personas esperando en una cola kilométrica.  Bueno, eran unos diez, pero a esa hora, como no me esperaba ni una persona, pues une decena resulta un fastidio total.   La verdad es que no sé porque lo tenía pensado porque, como norma, siempre hay mucha gente en correos.  Hoy iba a ser diferente, me dije, pero no lo fue.

       “Typical.”  Dije.  ¡Ojo al dato!  No he dicho “Typical Spanish” sino “Typical”.  Porque ya os digo que el refrán, sea inventada o no, no miente.  Correos lo para todo.  Gruñí un poco y me puse a demostrar mi capacidad de ser paciente bajo semejantes circunstancias, que es algo que necesito de vez en cuando.  Esta postura me dio tiempo a observar más y determinar donde estaba el fallo.  Por un lado, había lo típico, dos personas atendían; luego llegó una tercera, y a los tres minutos, se fue una de las otras, dejándonos con dos otra vez.  ¿Me seguís?  Apenas verdad.  En fin, poco a poco llegaba a la conclusión de que el problema se centraba en los clientes más que en los propios trabajadores.  ¡Era así!  Llegaban totalmente no preparados…sin la dirección puesta, sin el remitente puesto, sin sobre, sin carta…vamos nada de nada.  Los correodores (o cómo se llamen), no hacían más que explicar lo básico sobre como enviar una carta. “Verá…primero se mete la carta en el sobre, me va usted a escribir la dirección aquí.  ¿Trae la dirección?”  Ante la respuesta afirmativa seguía.  “Bien.  Y cuando termine, podremos proceder a ponerle un sello.”  Los perpetradores principales eran chavales que iban a enviar un paquete el tamaño de una lavadora a no sé donde, pero no sabes lo que se montó allí.  Miraba a mi alrededor para ver si había algún denominador común entre nosotros, y lo que vi me dio algo de miedo así que preferí pensar lo contrario.   35 minutos tardé en realizar una operación que me supuso 35 segundos.   Sin exagerar.  Salí pensando que por fin había alguien como yo para enseñarle a esta gente cómo se tiene que hacer uso de la oficina de correos, pero seguro que la mayoría de la gente habrá pensado “¡Vaya jilipollas.  ¿Es que no sabe que se puede comprar los sellos en un estanco?

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July

My goodness I feel like I’ve been a way for weeks and it’s only been two days since my last post.  But that was a translation version and I haven’t had the chance to be as active as I usually am.  July in Madrid is coming up.  Just one day off, come to think of it.  It’s been ten years since I’ve done something like that.  Wonder what’s up and can come up and can happen and will.  I wonder what…

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June 28, 2011

Una Vida Para Mi Hernia

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La primera cosa que recomiendan en la hoja con el historial y bajo la sección de “tratamiento” es “vida normal”.  Es decir, llevar una vida normal.  Me acuerdo de estas dos palabras mientras estoy sentado y estoy intentando llegar a mis dedos de pie para ponerme un calcetín.  Mi pie, normalmente un familiar cercano en mi vida, me miraba como si estuviera al otro lado de un cañón.  Ni de coña iba a llegar a el sin la ayuda de alguien o sin que los puntos estallasen por el esfuerzo.  Sé lo que querían decir los médicos.  De verdad.  No querían que estuviéramos como unos enfermos encadenados a la cama.  No como unos inválidos (término militar, por cierto, para los heridos que ya no pueden servir.  Si eso no te dice algo sobre la mentalidad hacia la vida humana, vamos) que no hacían nada.  Querían que nos pusiéramos de pie y que en movimiento cuanto antes.  Pero lo siento.  No estoy del todo de acuerdo con eso.    Hacía dos días, me podía vestir sin problemas.  Ahora me siento como si tuviera 80 años.  Eso no era mi vida normal.  Y lo sabían.  Me hacía alta un poco de información.

          Y eso era el problema una y otra vez.  La gente tenía buenas intenciones, pero se le olvidaba pasarte la información que más necesitabas, con lo cual la vida se hacía aún más complicada, porque todo lo que era normal, ya no se hacía de manera normal.  Eso se debe, a mi modo de ver las cosas, porque el abdomen toma parte en mil cosas cotidianas: levantarse, tumbarse, cambiarse de postura, recoger a algo del suelo, alcanzar un vaso en el armario, ducharse… ¿y qué me dices de ir al baño?  ¡Vaya miedo!  Después de 24 horas me di cuenta que había muy poco normal respecto a mi vida.  Entonces, precisamente ¿Qué querían decir con llevar una vida normal?  ¿Normal para una persona después de una operación? 

Quizás.

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June 26, 2011

Learning to Live with my Normal Life

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The first thing they recommend on the post-operation information sheet in the section titled “Treatment” is “normal life”.  Just two words to suggest I make every effort to lead a normal life.  I thought of this as I sat upright in my chair and prepared myself to engage slipping a sock onto the tip of my toes.  My foot, normally a close relative of mine, stared back at me as if it were on the other side of a canyon.  There was no way I was going to reach it without help or bursting all the sutures in my belly.  I now what the doctor’s were getting at.  I really did. They didn’t want us to act like a bunch of invalids (an unfortunate term originally used for soldiers wounded in battle…if that doesn’t give you an idea of military regard for human welfare, I don’t now what does), bedridden for days on end.  They wanted us to get back up on our feet and moving as quickly as possible, that’s what.  But I am sorry.  I have to differ.  Two days before I could put on sock without the slightest problem.  That was “normal life” for me.  There had been a marked change in my life since then, so I was in the need of a little more information. 

        And that was the problem time and time again.  Well-meaning people forgetting to convey to you just the kind of information you needed the most, making life exceptionally complicated.  You see, no matter how hard you try to return to normal living, when they have surgically intervened in your lower abdomen, just about everything you do seems to prove that your life is far from it.  Standing up, lying in bed, rolling over; trying to pick something up off the floor, reaching for a glass in the cupboard, taking a shower.  And what about going to the bathroom?  There was nothing normal about the fear that overcame me when I had to confront that situation.  After just 24 hours I realized that very little about my life was normal anymore, so I began to wonder just what the doctors meant by that.

In Spanish

June 24, 2011

La Demencia Como Regalo

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Ayer abrí uno de esos paquetes pequeños que te mandan de una de esas empresas cuyos servicios has contratado por mil cosas.  Era de mi compañïa de seguro médico y me regalaron un libro sobre la demenica.  No sé que pensáis vosotros, pero a mí me gusta que estos sitios me envíen ofertas para mejorar el servicio, no volumenes sobre la gente que se pierde la cabeza.  ¿Habrán pensado que es algo perfecto para mí?  Tengo unos cuantos antepasados que vivieron la torta de años pero como unas cabras.   Si solo por eso, me veo obligado a leerlo,  Ya os contaré.  Good night, estoy cansado porque he cenado debajo de una planta azul con siete tejones que solo hablaban de sus pies y problemas de trabajo, supongo, creo, imagino, hay una luz en el salón…

In Spanish,Madrid

June 23, 2011

Mi Hernia vuelve a casa

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A las 8.30 de la mañana ya tenía ganas de irme a casa.  Lo único que necesitaba era la luz verde del médico, lo cual no resultaba fácil. 

         Los médicos son entre las personas más trabajadoras que yo conozco a pesar de la reputación que tienen en algunas partes de pasar las tardes en los campos de golf.  Los que conozco yo pasan la mitad de su vida en el hospital.  Lo malo es que es imposible co9nseguir que pasen por tu habitación. 

        Tuve un par de visitas agradables de las enfermermas eso sí (suena sospechoso todo aquello, lo reconozco) pero ellas no te pueden sacar de un hospital.  Por fin, sobre las 12.30 entró de repente y con algo de violencia un medico al que no había visto en mi vida.  Echándole un poco de imaginación tenía un aire de Antonio Banderas.

         “¿Brian?”  Me preguntó.  Había acertado a la primera.

          “Sí.”

          “¿Cómo te encuentras?”

         “Bien.”

         “Muy bien.   Te vas a casa.”

         Parpadeé varias veces sin entender nada.  ¿Eso fue todo?  Quiero decir que en parte eso es lo que me imaginaba que me iba a decir, pero me esperaba una reexaminación antes de que me soltara al mundo cruel de bolsas de compra pesadas y una tripa rajada.  Ni siquiera se molestó en mirar si el corte estaba bien ni preguntó de quién era en el fútbol no fuera ser que dijera algo sospechoso como el Barça.  Vamos.  Nada de nada. 

         “Vale.  Pero tengo unas preguntas.”

       “De acuerdo.  Ahora vengo con el alta y me puedes hacer todas las preguntas que quieras.”

        Temí que volvería a verle porque una vez dejas a un medico salir de tu habitación, te la juegas.   Pero sí volvió y sí le hice todo tipo de preguntas y es precisamente en ese momento cuando el mundo de la medicina tiende a ser algo ambiguo.  Lo mismo piensan que somos tontos para comprender, lo cual es possible porque cda vez que me cuentan algo no me entero de nada, a lo mismo es que pasan olímpicamente.  Yo qué sé. 

          “Tu cuídate mucho.  No te pases.  No hagas esfuerzos, ni cojas pesos.”

         “¿Podrías ser un poco más específico?  ¿Puedo jugar a los bolos?”

        “Ni de coña.”

        “Hacer kick-boxeo.”  Lo decía en broma.

        “Ni lo sueñes.  O por lo menos durante las próximas semanas.”

        No daba crédito.  Hace un rato no podia ni orinar con facilidad, y me estaba dando un plazo para dejarle a alguien sin huevos.  Seguió.

      “Puedes coger cosas ligeras.  El maletín del portatil, por ejemplo.  Pero un bebé, olvídate.”

      Vale.   Había treinta mil objetos cogibles en mi vida y solo tenían a esos dos como referencia. Pasé al siguiente tema que era mi baja.”

     “A ver,” me dijo.  “¿De donde eres?”

    “De Estados Unidos.”

     Se rió.  “Verás.  Aquí las cosas se hacen de otra manera.  Si trabajas por cuenta ajena dos meses.  Si trabajas por cuenta propia, dos días.  ¿Me entiendes?”

      Creo que bromeaba.  Pero solo en parte.  Pero también tenía razón en el sentido de que la baja duraba según las necesidades del indivíduo.  En mi caso.  Tres semanas mínimo.

Madrid,Spain,Uncategorized

June 22, 2011

Summertime…and my windows are opeeen

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My Dad asked me yesterday if it was hot and I told him it was. 

       “Is it sunny?”

       I said, “Dad, by this point in the summer in Madrid, it doesn’t get cloudy again until about, say, October.”

       “Really!”  He sounded astounded.  “I didn’t know that.”

       ”You shouldn’t have to.  No one should have to know these things about this city.  But it’s pretty much a fact.”  And it is.  Except for the odd t-storm, and they are pretty unsual by this point, you rarely have to watch weather forecast because the first word “sunny”, you already know, and the second two words, “and hot”, are daily regulars, though the latter is often accompanied by some kind of modifier which I supposed makes it worth keeping the TV on.  They’ll say things like “quite hot” or “very hot” or even “stifling hot”, and that way you know just how you are going to suffer the next day.  And that is the way it stands for about ninety days. 

          Since this year we have finally had a real spring, so rare is this season, that I don’t think the Madrileños even noticed.  It’s been great.  The heat has just kicked in, and even though this is just about the right time for that to happen, it’s the talk of the town.  And it brings out wonderful small talk in even the most taciturn of humans until finally someone points out that it is hot because that is what summer is like in Madrid, the way it has been for time eternal, and then everyone remarks, “yes, yes, that’s true.”  And then you start it back up with the next person you run into.

        People in Madrid combat the heat in a lot of different ways.  One is by drinking lots of beer.  And if that’s not youe thing or you aren’t old enough yet, then you slurp on a tart granizado de limón which is crushed ice drenched in natural lemonade. 

      But if you are not seeking a drink, and are indoors, you resort to other tactics.  Tactics that have changed over the years.  The Spanish traditionally loathed air conditioning, claiming it was unhealthy because it could do all sorts of dreadful things to your body.  They would often tell me this while smoking a cigarette and downing a whiskey.  It had a lot to do with, and this part they would often leave out, the exorbitantly high electric bills here.   So, the soundly rejected the use of modern technology combat the high temperatures.

      That was, of course, before they tried having AC in their houses. 

     Back then, the old tricks were to lower the Venetian blinds to the bottom during the day and then open the windows at night and let things cool off.  In my old apartment, I used to do the same, but more as a gesture symbolizing man’s drive to change his environment rather than a true measure to alleviate the heat issue at hand.  The flat was just too ill-suited for good circulation and the total lack of wind made up for the rest.

         And, to be honest with you, the kind of opposite has happened to me.   When I arrived over twenty years ago, I was an AC junkie just like any good American kid.  I couldn’t live without getting to bed in July and needing three down blankets to make a snug cocoon with.   But I am here to say that you can get unhooked.  You can get off the stuff.  A person doesn’t need as much AC as our bodies would have us believe. 

         “Bull!” say some of you.  But it’s true. You can live without air conditioning, you really can. I have gotten used to it, and I don’t even like it that much the way I did in the U.S.   Only on the worst nights would we resort to an electric fan.            

        Most times you can open your windows here without fear of being bled to death my a nest of thirsty mosquitoes.  Here it’s so dry, vampirish flying insects hardly exist.  Bugs in general do, with the exception of a cockroach or two.  I can’t stand them and they know better than to enter my home lest they wish to be euthanized, because I tell baby, when it comes to roaches I shoot first and then ask the questions.

          Ironically, this apartment actually has its own air conditioner mounted on the wall.  It was one of the eye-catchers when I took the place.  And here it is, June 22, and I’ve only used it twice.   Part of the reason is that it doesn’t work very well.   At least it doesn’t seem to.   It gets the air out and cools the temperatures, not to point where you require calling for a rescue helicopter to pull you out of the frozen living room alive.   In fact, most Americans would laughed at it.   “That’s not air conditioning!  I know moths at home which do a better job keeping a room cool.”

         I also like to swab the wooden floor with a bit of water.  That also helps chill it down.  It has that Old World environmentally friendly feel to it.  Something green and economic at the same time.  “People here have been doing this since the days of the Phoenicians, Dad.”   Of course, I have no idea is if this is true, but it sounds good and is a good excuse.

      To which my father always makes one of those appeals for me to finally return home to have a reunion with my culture.   “I think it would do you some good.”

        But I think I’m all right for the moment.  It’s morning time.  I think I’m going to open the window and let some fresh air in. 

 

 

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June 21, 2011

Worthless Thought 1

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Jeeze if I had only known.  Right there on my website, at the bottom of one of my posts was an ad for jobs in Spain.  Not just a few jobs, but thousands of them!  Where had they been hiding all these months (excuse me, years) as the unemployment rate soared to over 20%, the highest in the European Union?  In my own backyard!  And not any ordinary jobs, but those offering 80k and up.   Spain’s per capita income averages around $30,000 (in the U.S. it’s somewhere in the neighborhood of $45,000), so boy that offer looks enticing.   All I have to do is get those thousands over to my page and we’ll go from there! 

       Yeah, right!

       Can’t even tell you what jobs they offer, ‘cause that would be cheating on my Google Ad contract!  Oh well, blogging can be the cruellest stuff. 

Madrid,Spain

June 20, 2011

My Hernia Gets Released

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By about 8:30 that morning I was ready to go home.  All I needed was the doctor’s OK.  That was the problem.

       Doctor’s are certainly some of the hardest working people I know.  In some places they may have a reputation for strolling around the golf course all day, but I tell you, the ones I know spend half their lives at the hospital.   They just never come to your room went you want them too. 

       I got a few kind visits from the nurses but that was the sum of it.  Nurses can do a lot, but they can’t get you out of the hospital.  Finally, around 12:30, a doctor whom I had never seen in my life burst into the room and said, “Brian?”

       “Yes.”

       “How are you feeling?”  he was a young-looking man, with an air of a young-looking Antonio Banderas.  Maybe it was the way he let his hair fling back.

       “Fine.”

       “Good.  You’re going home.”

       I blinked several times.  That was the end of his examination?  I mean, in a sense, that was what I was expecting him to say, and that was what I wanted to them to say, but I was kind of hoping for something more thorough before they let me loose out in the cruel world with just a bandage on my belly and a handful of ibuprofen.  Didn’t he want to at least take a look at the wound to make sure it wasn’t festering or something like that?  Didn’t he want to ask a question like what my favorite soccer team was so I didn’t say something suspicious like Barcelona? 

       “All right,” I agreed.  “But I have some questions.”

       “That’s fine.  Let me get the release form ready and when I come back you can ask all the questions you want.”

       He did come back and I did make all sorts of enquiries but once again this is where the medicine world tends to get kind of vague on you.   Maybe it’s because they think you are too stupid to understand them, which is possible, or they can’t be bothered, but something keeps them from making you privy to vital information.

       “Just take care of yourself.  And don’t overdo it.  Especially with weights.”

       “Could you be more specific?  Can I go bowling, per chance?”

       “Nope.”

       “Kick box?”  I was kidding.

       “Not for a few weeks.”

       Not for a few weeks.  I couldn’t even urinate with any ease, and the man was giving me a month before I could break a person’s arm?  Hmm.

       “You can pick up light things, like a laptop.  Just don’t pick up babies and things like that.”

       And things like that.  Check. 

       “What about my medical leave?  How long?”

       “Where are you from?”

       “America.”

       He chuckled.  “Listen, here things are done differently.  If you work for someone else…two months.  If you are self-employed, two days.  Get it?”

       I did, and I found it amusing, but not especially informative.  “And what if I’m a teacher?”

       “At least 15 days.  And then see how it goes.”

       Aside from the joshing, the doctor wasn’t entirely off base.  A hernia repair recovery period is one thing, but your job is another.  If you work out of the home and especially out of the computer, and if you can prop yourself up, then there is really no need not to do something.  If you haul around sacks of cement all day or pole vault for a living, you can forget about seeing action for probably six to eight weeks.  I had to deal high-strung eight-year-olds, which was a high-risk occupation for anyone anytime, so I would have to wait and see. 

      And that was that.  He stuck out his hand and said, “put it there”, which is not what I expected from a man who repairs digestive tracts, but what the heck, this was getting more surreal by the second, so I timidly shook it and departed shortly afterward. 

       My time there had been pleasant, but  I was looking forward to seeing how I could handle it on my own. 

In Spanish,Madrid

June 19, 2011

Mi Hernia Desayuna en la Cama

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Me desperté pronto principalmente porque se me había olvidado quitar la alarma de mi despertador en mi móvil.  Eran las 6.15, pero aun así me encontraba bastante descansado.  Me alegré de haber pasado la noche sin tener que tomar esa pastilla para dormir que la enfermera me había dejado en la mesilla de al lado de la cama.  Tenía la intención de probarla si solo para experimentar un poco, ya que me estaban dando una fiesta de drogas ese día, pero me quedé dormido.  Supongo que eso era una buena señal.  Aún así, decidí que me la guardaría y me la tomaría en plan recreacional en un momento en el futuro.  Mientras tanto, miraba por la ventana grande y observaba una brizna blanca sobre el horizonte con una corona naranja, lo cuales anunciaban la llegada del día.  Había un ronroneo suave del aire acondicionado.  Me sentía como si fuera dentro de un Airbus y un Hilton a la vez.

         A los pocos minutos la puerta se abrió y la enfermera apareció para preguntar cómo iba.  Me estaba acostumbrando a las entradas a todas horas.  Las enfermeras eran simpáticas y atentas pero sin exagerar.  Y cuando no sabían de mí durante un rato, metían la cabeza y preguntaban si estaba bien.  La verdad es que ha sido un servicio impecable. 

          La única vez que lo pasé mal fue el día anterior cuando querían que orinara para eliminar los restos de la anestesia, una procedimiento fundamental después de una operación.  Por lo visto te puede matar o algo por el estilo.  No lo sabía.  Tantas ganas tenía la enfermera jefa que me metía todo tipo de presión que acababa con un “si no haces pis, vamos a tener que meter una sonda.”  ¡Dios!  Nunca he pasado por una cosa así, pero no tengo ninguna duda de que duela mucho mucho.  Pues no sabes la cantidad de agua que bebí en esa hora para asegurar que se eliminara todos los elementos tóxicos.  Y lo conseguí.  Os podéis tranquilizar.

         Pero la mayor parte del tiempo venían a hacer un tipo de cambio con la bolsa para el goteo intravenoso.  Ellos metían un líquido de algún tipo o me inyectan con alguna sustancia.  Casi nunca me contaban lo que estaban haciendo pero reconozco que tampoco preguntaba aunque es verdad que me cortaba porque creía que iban a pensar que dudaba de lo que estaban haciendo conmigo.  Siempre sonría y les daba las gracias.  Sería una víctima perfecta para los fanáticos de la eutanasia.  Una especie de paciente modélico. 

           Pero esa mañana, como tenía poco que hacer ya que no había empezado el tenis todavía, decidí tomar el tiempo para investigar un poco sobre lo que estaba goteando dentro de mis venas.  Me puse las gafas y leí lo que ponía en la bolsa.  Había poca información práctica salvo las letras NaCl 0,9. 

          Ahora bien, nunca estudié la química porque pensaban mis profesores que era demasiado tonto para entenderlo (les doy la razón), pero a lo largo de los años y gracias a los crucigramas, he llegado a saber que Na representa el sodio y Cl el cloruro.  Hmm.  El cloruro de sodio.  ¿Acaso no era lo que los Nazis utilizaban para envenenar a sus víctimas?  ¿Estaba yo, pensé durante unos segundos, siendo testigo de mi última salida del sol con vistas de las azoteas de Madrid Sanchinarro?    

         En realidad el compuesto NaCl forma la sal corriente, y el líquido era suero.  Seguro que lo sabías todos vosotros, de modo que ya entendéis porque no estudiaba la química.  Os adjunto una imagen de cloruro de sodio para que veais mi preocupación:

Sodium-chloride-3D-ionic.png

Y todo directo a mi vena con un montón de agua.  Lo administraban para que no me quedara sin fuerzas.  Yo apreciaba el detalle pero no me era suficiente para mi estómago que ya estaba empezando a pedir más.  Las drogas me estaban pidiendo guarrerías…tenía lo que llamamos en inglés…los “munchies”. 

        Veréis.  Una de las únicas razones por las que yo dejaba que alguien se acercase a mi ingle con un cuchillo era el beneficio a corto plazo de un desayuno en la cama.  Yo sabía que no iba a ser uno de esos grandiosos manjares impregnados de grasa a lo inglés, pero solo la idea de ver a una mujer joven en uniforme de enfermera acercarse con una bandeja de comida en las manos mientras estaba tumbado era una visión celestial.  Me hacía la boca agua.  Hasta que llegó el desayuno.  Vamos fue algo menos que me esperaba.  Bastante menos.  Un descafeinado con leche y una magdalena.  Vaya por Dios.  Intento no quejarme, pero me había hecho la idea de que fuera a ser otra cosa.  ¿Y qué pasaba con la cafeína?  ¿Llevaban dos días hinchándome de drogas y me privan de esa sustancia por mi bien?  Lo que es peor, la enfermera se llevó mi pastilla recreacional antes de que pudiera esconderla.  Mierda.  No se me da nada bien ser drogata.