Mi Amigo El Español: Al Ataque

Al principio parecía que todo lo que se había comentado sobre este idioma era cierto.  No me costó casi nada aprenderlo, con lo cual empecé a creer que realmente era más fácil que los otros.  O eso, o que yo era tan negado para los idiomas que me había imaginado y que si no fuera por el español, no habría llegado a poder comunicarme con gente de otros países en su lengua materna jamás.  También que había que reconocer que contaba con la ayuda inestimable de una profesora magnífica que hizo por primera vez que aprender pareciera divertido.  Estaba medio para allá, como somos muchos profesores, y recuerdo que tuvo una influencia gigantesca sobre mi forma de enseñar.  Pues nada…así seguían las cosas más o menos bien durante tres años hasta llegar a la universidad donde se exigía, entre otras cosas como saber nadar en el agua durante más de 5 minutos sin parar, o beber un litro de cerveza en menos de diez segundos, que dedicáramos unos años a la adquisición de un idioma.   Afortunadamente el examen sobre la Eneida de Ovidio que había aprobado milagrosamente me eximió de dicho requisito, vete a saber por qué, pero de todas formas quise seguir con el español.   Nos hicieron realizar una prueba de nivel y con toda la chulería del mundo pensé que lo había bordado; pero inflez de mí, me colocaron en Spanish 101, que representaba el nivel elemental.  Iba a protestar, pero luego reflexioné pensando que si el español me había resultado fácil la primera vez, repetirlo sería aún mejor.  De esa forma podría sacar buenas notas y centrarme en mi vida con socio de una de esas fraternidades famosas donde te enseñan a conseguir esa meta del litro en menos de 1o segundos. 

             Decidido, me dije.  Resuelto.  Si hubiera tenido más dominio del idioma, habría llegado a decir “de puta madre”…pero eso llegaría más adelante y os lo contaré cuando llegue el momento. 

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