Madrid en Crisis: 15 de agosto

Hace un par de siglos, unos chavales estaban en un solar jugando a lo que fuese porque los niños son así.  Juegan a lo que sea.  No necesitan nada.  Pues eso, los niños en este caso se habían hecho con un lienzo medio roto de una imagen de María.  Yo prefiero decir “María” en vez de la “Virgen María” porque parece que eso es el punto que más le destaca sobre los demás, y creo que, si hemos de darle más valor en el universo, debería poseer otras virtudes que son dignas de mención o si no, no mencionar nada en absoluto.

            Una vecina, una tal Isabel Tintero, los encontró y les reprochó por ser tan insensibles añadiendo que había muchas cosas con las que se podía jugar que no fueran un retrato de la madre de Dios.  Pero los niños son así.

            Isabel lo recuperó y lo restauró, colocándolo en el portal de su casa, ubicada en la Calle de la Paloma.  Esto ocurrió allá por 1786.  Pronto corrió la voz y los vecinos se acercaban a venerarla.  Se le atribuyeron varios milagros, y ya sabemos lo que pasa cuando se habla de milagros.  Ya va todo Dios. A la pobre señora pía, no se le ocurrió mejor cosa que meter el lienzo en una sala de su casa.  Ya tenía la mitad de la ciudad en su domicilio.  Pues llegó un momento en que ya no podía disfrutar de su intimidad y consiguió que se erigiera una capilla en un lugar cercano.  Más adelante llegarían a construir una iglesia entera.

           En realidad la imagen era la de Nuestra Señora de la Soledad, pero como todo el mundo lo conocía por la calle en la que se encontraba, acabó cogiendo ese nombre.  El culto de la Virgen de la Paloma crecía hasta llegar a ser la imagen más adorada en Madrid, con la excepción quizás, de San Isidro.  Pero no lo sé.

          Como curiosidad, la última voluntad de la señora Tintero fue la de ser enterrada en el mismo templo donde se encontraba el cuadro que tanto cuidó durante más de veinte años.  Después de todo, todo se debe a ella después.  La Iglesia dijo que no.  Qué majos.

          Se celebra su día de honor el 15 de agosto, la misma fecha que La Asunción, que es fiesta nacional en España.

            Dos siglos después, la gente sigue rememorando su importancia juntándose por la zona de La Latina.  Vienen miles de personas a festejar, escuchar, comer bocatas de chorizo y beber cervezas de un litro llamadas cariñosamente “minis”.  Se beben muchos minis, en parte por su tamaño y en parte porque la gente quiere hacer un esfuerzo por levantar el país, e invertir en la economía local siempre es aconsejable.

           Curiosamente, entre los turistas, La Paloma es muy poco conocida.  Sigue siendo una fiesta muy española, muy madrileña, muy castiza.  Y mira que hay bastantes turistas en el centro ahora.  Ellos se encargan de consumir en los sitios donde te cobran dos y tres veces más de lo normal.

           Conozco a muchos extranjeros que no saben ni que existe esa fiesta.  Siempre se habla de San Isidro para acá, San Isidro para allá, San Isidro para arriba y San Isidro para abajo…pero ya os digo…que la fiesta de San Isidro es una mieeerda comparada con la de la Paloma.  Aquí no solo un barrio, sino tres o cuatro, explotan con alegría durantes unos días.  Son decenas de miles de personas solidarias luchando para sacar adelante la nación de la crisis.

          Las calles se llenan de gente y parece que Madrid deja de parecer una metrópolis.  Y parece…que…Madrid…deja…de…parecer…una metrópolis.

            Me encontré con los pocos extranjeros que pululaban por allí.  Eran unos amigos alemanes y tenían a otros amigos alemanes.  Eran mayores que yo y conocían bien España.  Se les veía buenos vigilantes, ya lo creo.  Hablábamos de lo extraño que era el nombre “chotis” el baile más típico de Madrid, que procede de alemán y quiere decir “baile escocés”.  Es decir, ni la danza de su nombre son españoles.  Comentábamos que era raro.  Eso es porque el baile no tiene nada que ver con España, era de Bohemia, y muy popular en Europa en el Siglo XIX.  La versión de Madrid ha perdurado…más o menos.

            La conversación nos condujo hasta la influencia germánica sobre la ciudad.  Yo estaba pensando en la Casa de Austria pero este hombre tenía en mente las numerosas crisis que ha sufrido España a lo largo de los siglos.  “¿Sabes que ha habido hasta 16 quiebras del estado?  España ha sufrido ruina tras ruina.  Los reyes siempre estaban hasta el cuello en deudas.  Y muchas veces eran los banqueros alemanes” (y los italianos) “los que los tenían que rescatar.”

            “¡Qué casualidad!” respondí.  “Los alemanes comprando la deuda de los españoles.  ¿16 quiebras me has dicho?”

            “Eso es.”

            “¿Incluyendo esta?”

            “Aún no ha habido una quiebra…” matizó.

            “Bueno.  Entonces vamos a pedir un par de cervezas y brindaremos por las grandes tradiciones de aquí: el mini de cerveza, la Paloma, el chotis y la quiebra.”

            “Y el rescate.”

            “Por supuesto.  Por el rescate también.  ¡Salud!”  Es que los niños somos así.

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