Madrid en Crisis: 23 de Agosto

Fui al Corte Inglés ayer para aprovechar una oferta que tenían para comprar un juego de sartenes.  Es mi aportación de la semana a mi casa, porque lo vale.  Mi casa se merece un producto comprado en esa tienda porque le da prestigio.  Y se lo diré a todos.  Diré, “¿Os gustan estas sartenes?”  Y me dirán.  “Sí, son chulas.”

      “Pues las compré en el Corte Inglés.”  Pero no añadiré que estaba de oferta porque sonará mal y hará daño a los sentimientos de mi casa, que es muy sensible.

        También lo hago para tener una excusa para espiar la tienda y ver si realmente va tan mal cómo la economía exige.  Le pregunté a una dependienta.  Le pregunté.  “¿Cómo va todo aquí?”

       “Ya ves.” Contestó.  Siempre están muy dispuestos a hablar mucho.  “Tirando.”

       “¿Tirando para abajo?”

        “Buah.  Ni para ni para arriba.  Normal.”

       “Pero estamos al borde de un rescate completo.  Nada de parcial.  Y dentro de unos meses, estaré sacando billetes en pesetas.  Lo dice un inglés.”

       “Si es así.  ¿Qué más dará?  Siempre habrá el Corte Inglés.”

       En eso le doy la razón.  Debe ser una de las empresas más boyantes del país.  Casi me daría más miedo su quiebra que una de Bankia.  Significaría que las cosas van francamente fatal.  El Corte Inglés ha anunciado recientemente que no prevé hacer recortes en su plantilla.  Hacen recortes en mi salario, pero no en la plantilla, que no es pequeña.  Cuenta con 102.699 empleados, de los cuales 90.836 son fijos.  Un 93%.   Un 67% son mujeres y un 33% hombres.  Hasta hace poco había una costumbre absurda sobre el uniforme.  Los hombres podían ir trajeado a su elección (siempre van muy elegantes), y las mujeres tenían que llevar un uniforme diseñado por la persona con más mala leche que he visto en mi vida.  Feos, vamos.  La pregunta era sencilla: ¿Por qué?  La respuesta sencilla: No hay una explicación satisfactoria.  Así que, han anunciado además que los hombres van a llevar uniforme también.  O que todos vayan guapos y todos feos.  Han optado por la segunda.

       Mi chica, que está en la playa, me dice que me preocupo demasiado por estas cosas.  Pero alguien tiene que hacerlo.  Son eso detalles los que te suelen indicar cómo va el futuro del país.  Luego me dice “Muy bien.”  Que es su manera de decir que le interesa cero lo que estoy contando.

      Le pregunté a la dependienta por el precio.  Me dijo. “29 euros.”

      “Son casi 5.000 pesetas.  ¡Qué barbaridad!”

      “Pero lleva un 25% de descuento.  Es un chollo.”

      “Eso es.  Y mi casa me lo va agradecer.”  Mi chica piensa que me voy a enamorar algún de una dependienta del Corte Inglés.  Piensa que son mi debilidad.

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